Cada cuatro años, los hondureños somos convocados a elegir nuevas autoridades para los períodos gubernamentales. Cada cuatro años escuchamos promesas vacías que como castillos en el aire no se ajustan a las realidades dolorosas de pobreza del pueblo hondureño.

Se elegirá a doña Xiomara Castro o don Nasry Asfura para que dirijan los destinos del país hasta 2026; también se renovarán los liderazgos de las 298 alcaldías y de los 128 escaños en el Congreso Nacional de la Republica.

Ante ello es completamente ineludible que el ciudadano independiente se comprometa para cambiar el rumbo del país; ahora mismo, los índices de corrupción son escandalosos y como resultado de ello la pobreza extrema se ha entronizado de forma terrible en nuestra sociedad.

El país no puede seguir en la misma senda de latrocinio y normalización de saqueo al erario; no podemos aceptar que los hospitales sigan vacíos de medicamentos y que los edificios escolares colapsen por el abandono absoluto del estado fallido.

Es tiempo de regresar a la institucionalidad y al respeto a la Constitución de la Republica; es tiempo de limpiar la cara del Estado hondureño que ha sido manchada en las cortes internacionales con señalamientos gravísimos; es tiempo que la probidad y la transparencia regresen a la administración pública.

Asimismo, es menester acotar que no solo la titularidad del Poder Ejecutivo tiene trascendencia, lo es también la remoción absoluta del más funesto Congreso Nacional que hemos tenido desde el regreso a la vida democrática hace casi cuarenta años. Es para el olvido lo que este Congreso admitió con una reelección ilegal, vendió a pedazos el territorio con las zede, dio contratos a diestra y siniestra que socavan la economía nacional e hipotecan el futuro de la patria.

Es el tiempo de que los ciudadanos responsables deben tomar su estafeta con dignidad y correr la carrera hacia la integridad y transparencia electoral, de otra manera la siguiente generación no tendrá más oportunidad en estas honduras que están en su punto de inflexión: es ahora o nunca.