Circulan por las redes sociales denuncias de médicos de algunos hospitales sobre la carencia de medicamentos e insumos en los hospitales nacionales públicos, muy preocupante porque quienes pagan estas desidias gubernamentales son los pobres, que para la Presidenta llegan casi al 50%.

En verdad este no es un problema nuevo: cuando yo estudiaba medicina en el hospital San Felipe y en el Materno Infantil teníamos estos problemas, pero en menor magnitud.

Otra verdad es que estas carencias han estado ligadas a actos de corrupción: no se hacen las licitaciones en su debido tiempo porque de esa manera se acude a las compras de emergencia que son la puerta para atracar al pueblo de Honduras.

Recuerdo que el Ministerio de Salud tenía un laboratorio para fabricar los medicamentos de mayor demanda. De esa manera los centros de salud estaban adecuadamente atendidos en sus necesidades de medicamentos.

Se introdujo, desgraciadamente, el mal de la corrupción. Los empleados comenzaron a vender las materias primas a los empresarios y de esa manera se dio entrada a las pastillas de harina: las amoxicilinas de 500 mg solo tenían 100 mg, el resto era harina o barro caolín y los jarabes eran refrescos Tropical.

Lo cierto es que este problema de la falta de medicamentos no es totalmente solucionable mientras la Secretaría de Salud tenga un enfoque hospitalario de la salud y no un enfoque preventivo.

El gobierno debería enfocar sus esfuerzos en prevenir la enfermedad no en curarla, pues entre más enfermos tengamos, sobre todo de males prevenibles, como el dengue o la malaria, más medicamentos debemos comprar.

En dos foros que ha hecho el grupo Patria los especialistas demostraron con claridad meridiana que Honduras, más que hospitales, necesita fortalecer el sistema de los centros de salud de base, modernizarlos y dotarlos del personal y los suministros necesarios para que hagan medicina preventiva de manera intensa como único camino para que Honduras pueda tener una población más sana y preocupada por su propia salud en esta etapa. Así les quitamos a los hospitales la tarea de ser los centros de salud gigantescos.

La tarea de prevenir no es exclusiva de Salud, también deben colaborar Educación, las alcaldías, los medios de comunicación, la empresa privada.

Además, la formación de los médicos debe ser más preventiva y menos hospitalaria. Esto se ha discutido hasta la saciedad en la Facultad de Ciencias Médicas, pero nunca se ha tomado la decisión trascendental.

Pero independientemente de este enfoque es preciso que haya una planificación para que en junio de cada año se hagan las licitaciones para la compra de los medicamentos del año que viene y no dormir las cosas como para forzar las compras de emergencia que nos dejan un mal sabor porque han estado ligadas a la corrupción.

En las circunstancias de la actual carencia no sabemos a ciencia cierta si el responsable es el ministro de Salud o el sistema de finanzas. Conozco al Dr. Matheu, quien fue mi alumno, y sé de sus buenos propósitos, que no comparto, pero creo que este es el momento adecuado para ponerle una solución correctiva a este mal endémico del sistema nacional de salud, incluido el Seguro Social.

Todo debe funcionar en torno a un listado básico de medicamentos que no deben faltar en los centros de salud y otro listado hospitalario para suplir las demandas de las especialidades de los grandes hospitales.

¿A quién comprar? Hay buenos oferentes. Cuba, por ejemplo, produce una amplia gama de medicamentos esenciales que puede proveer a buenos precios y existen otros laboratorios, muchos, que producen los medicamentos genéricos a muy buenos precios y con calidad certificada.

Pero debo insistir que mientras Salud Pública tenga un enfoque hospitalario de la salud, los pocos recursos que disponemos para la compra de medicamentos no será nunca suficiente y siempre habrá carencias.

La tarea de salud debe ser prevenir y curar lo menos posible.