14/01/2026
09:44 AM

¿De a poco?

  • Actualizado: 04 septiembre 2013 /

A lo largo de nuestras indagaciones hemos encontrado que el lenguaje humano tiene peculiaridades que lo diferencian de los demás sistemas de señales, símbolos o signos. Sabemos que el lenguaje de los hombres es arbitrario, es lineal, emplea signos discretos y estos son biplánicos (significado y significante) y en especial la doble articulación. ¿Por qué nuestra lengua es arbitraria? Las palabras en su mayoría son signos y no símbolos, esto es que las palabras nada tienen que ver con la imagen conceptual; el significante “pájaro” nos lleva a pensar en un animal ovíparo, piel cubierta de plumas y volador. Pero si alguien que no sabe español escucha esa palabra, le sucederá lo mismo que a la persona que no habla inglés y escuche la voz “bird”. Solo hay antiarbitrariedad en las voces onomatopéyicas porque en estas se corresponden la imagen mental con la imagen acústica (clic, chinchín).

Esa arbitrariedad del lenguaje humano da lugar a que en su seno convivan tres aspectos muy generales: lengua, habla y norma. La lengua se refiere a la capacidad humana para organizar, formar y estructurar sus ideas en formas lingüísticas que se pueden transmitir por medio de mensajes. La lengua es un conjunto de elementos distintos que los grupos humanos han ido creando, probando y corrigiendo a lo largo del tiempo; es pues, la competencia que tiene el hombre para enviar y recibir mensajes. Pero dentro de la lengua se da un aspecto biplánico con su componente “habla”. Es imposible que haya una lengua sin hablantes. El habla se refiere al momento en que una lengua se realiza, se materializa, por medio del hablante. La lengua es una entidad abstracta; el habla es la acción. El habla es el conjunto de productos reales, mensajes, implica los hechos de la lengua empleados por los grupos. El habla no solo se materializa oralmente, también está en la forma escrita, grabaciones electrónicas. La norma ya es el conjunto de reglas aceptadas por un grupo de hablantes para establecer cierto orden y jerarquías de sus hablas respectivas. Las reglas, que se refieren a la lengua o al habla, pueden corresponder a niveles de gran generalizado a toda la lengua, al modelo general del habla o a niveles inferiores; por ejemplo el habla de una región, de un grupo parcial. De ahí que no toda norma será culta.

Pero a veces confundimos la norma con jerga. Para los centroamericanos no es común el uso de “entreno”, dicen “entrenamiento”. Entreno es flexión verbal, y si nos vamos al diccionario encontraremos esa palabreja, pero nos remite a “entrenamiento”. Claro que hay derivados de verbos, pero con diferente significado; reparación no es lo mismo que reparo, pues no diría que mi motocicleta necesita un reparo. Pero nuestros comunicadores deportivos ya lo están tomando entreno como vocablo propio y alegan que es palabra aceptada. Lo que desconocen estos trabajadores de la noticia es que “entreno” es una mala importación léxica. Los futbolistas también son buenos importadores de jergas; ahora ya no dicen que “poco a poco” están logrando los goles necesarios para clasificarse al Mundial. Ellos expresan que están logrando “de a poco” los goles necesarios para clasificar al Mundial (o sea que el mundial será clasificado por los jugadores, tremenda aberración sintáctica). Esa forma “de a poco” es solo jerga, pero no una norma.