El pasado lunes 10 de octubre tuvo lugar el Día Mundial de la Salud Mental 2022.

En esta oportunidad, la Organización Mundial de la Salud concentró sus esfuerzos en los niños, niñas y adolescentes con el lema “Dale like a la salud mental”.

No es para menos, pues, según ese organismo, en el mundo: una de cada siete personas jóvenes de 10 a 19 años padece de algún trastorno mental.

El escenario después de la pandemia no es nada prometedor y es por eso que se dedica un día específico al año para conversar sobre el tema y generar mayor visibilidad.

Tal y como indica la OMS, la idea este 2022 es interpelar e involucrar en el cuidado y la protección de la salud mental desde la primera infancia, no solo a instituciones y agentes decisores, sino también a jóvenes y adolescentes, así como a familias con niñas y niños, y a las comunidades educativas, para que presten atención a la salud mental y le otorguen la importancia que tiene en la vida de las personas, prácticamente desde que nacen.

Aquí quisiera abordar el concepto de salud integral que va mucho más allá de la ausencia de enfermedad y que invita a trabajar en pro de una vida plena que muchas veces no es la que queda expuesta a través de las redes sociales.

Según un informe de Unicef, la ansiedad y la depresión representan alrededor del 40% de estos problemas de salud mental, y a esto hay que sumar el malestar psicosocial de niñas, niños y jóvenes que no alcanza el nivel de trastorno mental, pero que perturba su vida, su salud y sus expectativas de futuro.

Los expertos apuntan a la educación emocional como una de las piezas clave para fomentar la salud mental desde las primeras etapas de la vida.

Por nuestro lado, trabajamos justamente esos temas en los programas que desarrollamos en diversos países de América Latina a través de la Fundación Ismael Cala, formando a los maestros y profesores con herramientas en materia de educación emocional.

Los temas de salud mental deben formar parte de la vida de lo más jóvenes desde su infancia temprana pues siempre habrá riesgos que, como adultos responsables, podemos mitigar si tomamos en cuenta las alertas tempranas.

¡El futuro siempre lo vale!