Lo que está sucediendo actualmente en nuestro país es algo que nadie quiere admitir. No se trata de una crisis política, es una crisis de ciudadanos de calidad en valores morales.

Estos eventos recientes solo son la punta del iceberg. Han desnudado los intereses y el modus operandi de los grupos políticos de cualquier color. Allí no hay sensibilidad de ningún tipo.

Pero esto es saludable que suceda para que nos demos cuenta adónde estamos parados y en manos de quiénes está nuestro destino. Están haciendo lo mismo que tanto criticaron en 12 años pasados. Torcer la ley a sus deseos y ocultar la verdad a su conveniencia.

La gran esperanza se está viniendo abajo porque no tiene sustento sólido. La unión de dos fuerzas políticas de ideologías distintas solo por la búsqueda del poder no rinde frutos si no hay comunión de ideales honorables. Ambos grupos estas revelando fallas estructurales en lo que a integridad, honradez y buenos propósitos se refiere.

Están saliendo a la luz secretos y componendas que nada tienen que ver con la esperanza que despertaron. Prometieron acabar con la corrupción, pero como que sus medios son los mismos de los que criticaron. Y se repite la historia de verdades ocultas, dadas a conocer por elementos del mismo partido de Gobierno, a manera de venganza al ser expuestos al juicio público. Ponen en evidencia su pobre calidad moral.

Pero hay que tener claro que el problema no es político. Es más profundo. El problema de base es el formativo de las personas.

Nuestra sociedad está podrida y produce ciudadanos acorde a esa situación. Los políticos solo son una faceta de esa deficiente producción.

La solución solo será posible a largo plazo. Hay que mejorar la calidad de las personas. Esta es una tarea mundial. En todas latitudes hay demasiada permisividad en las actuaciones humanas. La cultura actual de la tolerancia y los derechos humanos avalan todo.

Debemos volver la vista hacia el hogar, núcleo de la sociedad. Allí es donde empieza el proceso formativo del individuo. Hogares equilibrados con padres sirviendo de ejemplo a sus hijos, en ambientes de armonía y paz. Eso es lo que ya no hay en el mundo actual y que ha determinado la disfunción social actual.

La línea de base de esta sociedad no está cimentada en valores morales, sino en placeres, conveniencia e hipocresía.

La crisis no es política ni de aplicación de leyes.

Es exclusivamente de mala calidad humana.