Conocer otros lugares, ampliar el horizonte, muchas veces es visto como un lujo y no como lo que en realidad es, la consecuencia del derecho humano al descanso y la recreación, indispensables para una adecuada salud mental.
No importa si ese viaje conlleva visitar un lugar cercano o quizás otras latitudes, la finalidad que busca el turismo es que las personas disfruten un tiempo de ocio, aunque sea breve, aunque siempre dure menos de lo que quisiéramos.
Sobre este tema, el 27 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Turismo, una fecha para sensibilizar y reflexionar sobre la importancia que tiene tanto para la recreación, como para el intercambio cultural y el entendimiento entre personas de diversas culturas.
Igualmente es una fecha idónea para destacar el potencial que representa la industria turística para el desarrollo socio-económico y las oportunidades que hay para avanzar desde esta perspectiva hacia una cultura de respeto y cuidado tanto del medio ambiente, como del patrimonio de los destinos turísticos.
El turismo sostenible es una necesidad, es decir, el desarrollo de la actividad turística con el menor impacto hacia el medio ambiente y la cultura local, generando empleo y oportunidades para el emprendimiento local.
La actividad turística es una invitación a revalorar nuestra propia identidad, a apreciar lo que somos, nuestras raíces y los rasgos que nos hacen diferentes y únicos.
Para nosotros en Honduras, es una exhortación a conocer nuestra historia, porque estamos llamados a ser embajadores y voceros de nuestra hondureñidad; porque no debemos aceptar cualquier versión sobre quiénes somos y, por el contrario, debemos aprender a defender aquello que nos identifica, por encima de lo que nos separa.
De manera especial, es un llamado a ver nuestro país con ojos de turista, que aprecian el valor de nuestra riqueza natural y de aquellas cosas que ya damos por hechas.
Con ojos de turista, que también encuentran oportunidades, donde nosotros quizás solo vemos dificultades; que reconocen el valor de lo hecho por manos hondureñas, que saben de nuestras carencias, pero agradecen el trato cálido que sabemos dar a quienes nos visitan.
Como turistas en nuestro propio país, para promover, cuidar y regresar, para descubrir la belleza de las expresiones de las culturas nativas, con todo el respeto que merecen, procurando que no sean solo sujetos de admiración, sino protagonistas del desarrollo.
Porque somos un país que merece ser valorado por su propia gente, porque somos más que datos de violencia y de pobreza que, aunque son parte de una realidad ineludible que debemos cambiar, no nos definen por completo.
Aún tenemos mucho por hacer para desarrollar todo nuestro potencial en la industria turística, para convertir los recursos en productos, pero siempre pensando y actuando por las generaciones futuras.
El turismo no es un lujo, es una necesidad. No solo para las personas, sino también para los países como el nuestro. Aquí, como en casi todos los escenarios de la vida, requerimos educación y sensibilización para comprender, para valorar y para apreciar.
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