22/09/2026
11:51 AM

Con dinero y por dinero

El dinero es simplemente un medio para poder vivir, pero cuando se convierte en un fin esclaviza a los que se convierten en sus adoradores, siendo una de las peores idolatrías del mundo. El dinero bien administrado y usado hace bien a mucha gente; pero cuando es mal habido y derrochado, se convierte en un aliado de las tinieblas. Cuando Jesús dice que más fácil es a un camello entrar por el ojo de una aguja que un rico entrar en el Reino de los Cielos, se refiere a quien pone en el dinero todo su amor y confianza, erigiéndolo en un dios. Y rico entonces es quien tiene cien millones de dólares o quien tiene solamente quinientos. Todo depende si considera ese dinero como un medio o un fin. Si lo tiene como dios no entrará en el Reino de los Cielos. Por lo que puede condenarse el que tiene poco o tiene mucho y puede salvarse igual, el que tiene mucho o poco, todo depende cómo maneje el dinero.

Con dinero se construyen catedrales y hospitales que sanan el alma y el cuerpo de los que acuden a ellos, y con dinero se edifican burdeles y estudios de películas pornográficas que destruyen el cuerpo y la mente de sus víctimas. Todo depende de cómo se use.

Por dinero va el obrero a buscar el sustento de su casa en las fábricas trabajando arduamente ocho horas diarias y por dinero se confabulan los asaltantes y secuestradores, arremetiendo contra inocentes para aumentar sus caudales de manera ilegal e inhumana.

Con dinero se construyen escuelas y viviendas para que la gente tenga donde alimentar su intelecto y refugiarse en el calor del hogar, y con dinero se manda matar al rival por venganza o competencia, manchándose de sangre tanto el que contrata al asesino como el sicario que el trabajo ejecuta.

Por dinero se venden estampitas en los semáforos y se lustran zapatos en las esquinas, sabiendo que todo trabajo es honrado y es dignificado por el que lo realiza. Y por dinero acude la mujer fácil a la cita para vender su cuerpo al sinvergüenza que por dinero “compra un tiempo de placer”, pero nunca ni un minuto de amor, porque éste no tiene precio.

Con dinero se pagan las medicinas y los útiles escolares, sacrificándose los padres de familia para que sus hijos crezcan de manera integral y honrosa y con dinero mal habido, los estafadores exhiben el carro nuevo y la mansión escandalosa, siendo ese dinero, como brasas de fuego ardiendo, el que al final les quemará las conciencias.

Por dinero se cultivan las rosas más hermosas que se venden en los mercados para que el marido le regale en su cumpleaños un bello ramo a su esposa. Y por dinero se trafica la droga que luego consumirá el joven ingenuo, envenenando su cerebro y su cuerpo, cayendo en la trampa de manera dolorosa, muchas veces sin poder volver atrás por quedar demente y en situación escabrosa.

Con dinero las fundaciones, las auténticas, propician beneficios para los desvalidos y desamparados, llenando un vacío social de atención a los marginados. Y con dinero del Estado se llenan el bolsillo algunos desalmados, dejando la construcción de escuelas a un lado y miles de niños sin educación y desamparados.

Por dinero para poder comprar la comida de los hijos, los campesinos a sol y lluvia, un año tras otro, buscan de la tierra la cosecha que sirva para medio pagar los gastos de la familia. Por dinero salen los que venden drogas, por barrios y colonias, aldeas y ciudades, envenenando los cuerpos y las mentes de miles de jóvenes truncando el futuro de muchos de ellos por el poder de la adicción.

Por dinero hay gente que vende su conciencia, su dignidad, su pluma y su lengua, difamando, calumniando, destrozando las vidas de quienes sean. Por dinero hay quienes se arrodillan ante el diablo enlodándose en los negocios más burdos e ilegales, creyendo que el dinero les garantizará larga vida, felicidad y seguridad. Pobrecitos, terminan de esclavos de Satanás y cambiando la vida eterna por las treinta monedas con que Judas vendió al Señor.

Para nosotros el dinero, sea mucho o poco, debe servirnos para servir, para crecer, para apoyar al que no tiene, para ayudar a edificar un mundo nuevo. Porque Jesús nos dice: “Vengan conmigo al cielo, porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; desnudo y me vistieron; enfermo, en la cárcel, triste, abandonado, excluido y me consolaron”. Y no se olvide: con Dios somos invencibles.