15/05/2026
01:44 AM

Característica del mal

Salomón Melgares Jr.

Según la trama de la película Avengers: Endgame, el estruendo generado por el chasquido del villano conocido como Thanos desató el inmenso poder del guantelete infinito que borró de la existencia a la mitad de la vida en todo el universo.

Localizándole posteriormente en un planeta inhabitado, el grupo de superhéroes que sobrevivieron al desvanecimiento planearon arrebatarle el guante con el fin de usar las piedras del infinito empotradas en él y así intentar revertir el siniestro. Sin embargo, estando ya frente al supervillano, este les reveló que había destruido las piedras para prevenir su uso futuro y esto propició que Thor, enfurecido, le quitara la vida. Todo esto que en lo general es ficción, inevitablemente trae a mi memoria el contexto del mal cuya manera de actuar quedó bien representada en la trama que se acaba de apuntar. Preguntémonos: ¿qué ganó el supervillano al alcanzar su objetivo? Si nos fijamos bien, nada; absolutamente nada. Solamente perdió, y lo perdió todo: su hija –a la cual tuvo que asesinar para conseguir una de las piedras–, su equipo de villanos, su hábitat, la compañía de otros –pues en el planeta inhabitado estaba solo–, las mismas piedras mentadas por las que tanto trabajó para al final perder hasta la misma vida.

Si le pareció esto un sinsentido, querido lector, déjeme decirle que está en lo correcto, pero así es el mal. Alejandro Dumas mencionaba algo interesante: “El bien es lento porque va cuesta arriba. El mal es rápido porque va cuesta abajo”. Y se termina en el fondo completamente, solos y sin nada, por eso el consejo es claro y urgente: prefiramos hacer el bien a todos según tengamos oportunidad, aunque vayamos lento (Gálatas 6:10). Como dijera el filósofo griego Epicteto: “El sol no espera a que se le suplique para derramar su luz y su calor. Imítalo y haz todo el bien que puedas sin esperar a que se te implore”.