Una mujer, cuya familia había amasado una fortuna, deseaba ahora prestigio. Así que contrató a un experto para rastrear su árbol genealógico y le pidió remontarse unos doscientos años.
Suponía, la buena señora, que si lograba establecer que su familia procedía de una estirpe de auténtica sangre azul ganaría notoriedad entre sus amistades.
El experto inició sus averiguaciones, y estableció no solo quiénes habían sido sus abuelos, sino también sus bisabuelos. Y descubrió, consternado, que el bisabuelo paterno había muerto en la recién estrenada silla eléctrica, después de ser condenado en un famoso juicio por rapto, violación y asesinato.
La señora quedó abrumada, sobre todo porque había hecho público entre sus numerosas amistades, la búsqueda de sus raíces. Y claro, lo último que quería era descubrir ante ellas ese horrible crimen que echaba tanto lodo al buen nombre que quería presumir. El maestro de la heráldica no aceptó ocultar el hecho. Era hombre escrupulosamente honrado y de ninguna forma aceptaba mentir.
Finalmente se encontró una solución. Un creativo periodista propuso, que en lugar de hacer constar que el bisabuelo había muerto en la silla eléctrica, se escribiera: “El bisabuelo Jones falleció mientras ocupaba la silla de Electricidad Aplicada en una de las más renombradas instituciones de la nación”.
Como en los países de habla inglesa, el sitial de quien preside una sesión solemne, o una cátedra universitaria, se le llama silla. Así la situación se disfrazó aceptablemente. Una forma de encubrir una mentira es contarla como una verdad confusa.
¿Por qué esta dama buscaba prestigio en sus antepasados? ¿Si su familia tenía ahora tanto éxito financiero?
Buscarlo en el pasado equivale al absurdo de manejar un auto mirando por el espejo retrovisor. ¿No cree usted que tiene más sentido crearlo nosotros mismos aquí y ahora?
Porque no hay ninguna goma para borrar el pasado, pero siempre habrá un lápiz para escribir el futuro.
LO NEGATIVO: Buscar, como esa dama, el prestigio en el pasado.
LO POSITIVO: Mantener en nuestras manos la creación del prestigio que deseemos, con nuestra conducta y trabajo diario.