Queridos amigos de Syriza: una necedad sigue siendo siempre una necedad, aunque pronunciada con el debido pálpito pueda poner la piel de gallina a parte del público, que sucumbe al cloroformo de la utopía para intentar sobrellevar una postración sin duda lacerante (aunque autoinducida en gran medida por la irresponsabilidad de los propios griegos).
Bienvenidos a la realidad. Resulta que sí, que existe, y además es despiadada. El crudo mundo real nada tiene que ver con enardecer al respetable en un mitin blandiendo lemas a lo Robin Hood.
Tampoco le agrada mucho que se revisite a Carlos Marx, cuyas sugerentes teorías igualitarias han dado lugar a fábricas de miseria en serie allá donde se han probado (y ahí están las rozagantes Venezuela, Cuba, Corea del Norte…).
Ha bastado un día de Tsipras en el cargo y el anuncio de los primeros experimentos con gaseosa para recibir un bautismo de agua helada. Tras su victoria, la Bolsa helena cayó un 5%. Pero ayer, en cuanto el equipazo se reunió en consejo de ministros para poner en marcha su modelo alternativo al rodillo liberal, el parqué griego se despeñó un 9.4%. Los bancos locales se dejaron un cuarto de su valor.
Las eléctricas cayeron un 14.5%, tras el anuncio de que se paraliza su privatización y de que 300.000 griegos tendrán la luz gratis, detallazo que tal vez se pagará con billetes del Monopoly.
Hiela en la utopía helena y se hace evidente que Tsipras no lo conseguirá ni de chiripa. ¿Cómo pintar un círculo cuadrado? Si deja de abonar su deuda no recibirá nuevos préstamos y no podrá costear sus generosas promesas sociales. Si se aviene a pagar y a plegarse a la ortodoxia europea demostrará que no había margen de maniobra y que había engañado a sus votantes. Si comienza a obsequiar a su pueblo con gozosos aguinaldos populistas, los intereses de los préstamos para costearlos se dispararán y se agravará la gangrena del país.
El minotauro en su laberinto. La palabrería justiciera es bonita. Pero no da de comer. (Fragmento de ABC)
