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Año nuevo, año hermoso

  • 30 diciembre 2022 /

Con la llegada de cada nuevo año, muchos de nosotros nos hacemos propósitos de cambiar ciertos hábitos o costumbres no edificantes, de mejorar nuestro carácter, de pasar más tiempo con la familia, de cerrar las puertas del pasado, de adoptar una actitud positiva en todas las circunstancias del diario vivir, de crecer interiormente, de odiar menos, de perdonar y amar más, en fin, de ser mejores personas.

Cada día del nuevo año nos ofrece un desafío por delante, una esperanza de corregir los errores, un horizonte amplio para reflexionar y un futuro prometedor.

El nuevo año es un año hermoso, es el tiempo que el Señor nos da para ser felices escogiendo su camino.

Aprovechemos este tiempo para olvidarnos de nosotros mismos y pensar en las demás personas que nos rodean.

Enterremos el yoísmo, que nuestra preocupación nos ocupe de él, de ella, de ustedes, de ellos, para ti, para aquellos, para ellas.

Practiquemos el verbo en voz activa y no en voz pasiva. En vez de ser servido, procuremos servir, tal como nos lo enseñó el Maestro...

Quitemos no de lo que nos sobra, sino de lo necesario para ayudar a los más necesitados que nosotros.

Perdonemos setenta veces siete, aunque las ofensas nos hieran profundamente.

Ejercitemos el verbo amar.

Los dos más grandes mandamientos nos ordenan amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Para lograr lo anterior, para vivir bien el nuevo año, hagamos nuestra entrada de rodillas, iniciemos el primer día de los 365 totales con oraciones sinceras y humildes. Solo debemos dar ese paso. La fe se encargará de lo demás.

Al elevar nuestra oración tendremos el coraje suficiente para abrir cualquier puerta nueva desconocida o inesperada, para enfrentar y resolver el problema más difícil o para escalar la montaña más alta.