01/12/2022
10:07 PM

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Abstenerse es igual a apoyar

El hecho que el gobierno de Honduras –sin respetar los sentimientos populares– se haya abstenido de votar en contra de Nicaragua, en el enjuiciamiento de su comportamiento arbitrario en contra de la Iglesia católica, hiere el honor de Honduras, afecta el obligado respeto a los hondureños y constituye una forma tramposa para asegurar impunidad a quienes, en el mundo, irrespetan los derechos religiosos de las poblaciones civilizadas occidentales.

Incluso, los argumentos usados por el “pequeño” canciller Enrique Reina, en el sentido de usar la Doctrina Estrada de México, para justificar la orden dada a nuestro embajador en la OEA, que se abstuviera de condenar a Nicaragua.

Porque Honduras jamás ha tenido una doctrina para ordenar y dirigir las relaciones exteriores.

En 1969 intentó crear la “Doctrina Carías Castillo”, que no pasó de una postura específica, para un momento concreto; sin aplicación para otras circunstancias que no fueran exactamente iguales a los que enfrentamos entonces en nuestras diferencias con El Salvador.

Porque una doctrina es un conjunto de principios, de aplicación general, en cualquier tiempo y frente a cualquiera diferencia en que se involucren las obligadas posturas que Honduras tenga que manejar en cualquier momento y durante todo el tiempo en los asuntos internacionales.

El “doctorcito” Reina, como lo llamaría Gautama Fonseca si estuviera entre nosotros, al tiempo que no cree representarnos a todos y mucho menos, trabajar en la defensa de la imagen y prestigio de Honduras, nos menosprecia a los hondureños.

El invento suyo sobre la no intervención en los asuntos internos de otros países jamás ha formado parte del arsenal diplomático.

En las Conversaciones de Versalles, después de la II Guerra Mundial, Policarpo Bonilla, al defender al Káiser, intervino en los asuntos internos de la Alemania vencida. Lo mismo ocurrió en la Conferencia de Caracas en 1954. Honduras votó en contra de Guatemala – “pequeña gran Corea asesinada”, como escribiera Lisandro Quesada Bardales, padre del embajador en la OEA, doctor Roberto Quesada.

Y en 1962, cuando Cuba fue expulsada de la OEA, Honduras votó en favor de la exclusión del país que había escogida la ruta del socialismo marxista, sin las ambigüedades que usan actualmente en sus discursos, los teóricos del partido oficial, interviniendo en los asuntos internos de la mayor nación del Caribe. Y finalmente, cuando se creó el Estado de Israel, por una decisión de las Naciones Unidas, Honduras – dirigida por Carías Andino – intervino votando en contra, por presiones de los palestinos que entonces tenían fuerza e influencia, para intervenir en la nación que los había acogido y les permitió ejercer una libertad desconocida para sus padres y abuelos.

El voto en favor de Nicaragua alinea a Honduras al lado de México y Venezuela. Y coloca a nuestro país en contra de Estados Unidos, nuestro aliado principal. Colocándonos en una alianza antiestadounidense que nos llevará al desastre, especialmente cuando estamos ante una confrontación contra Rusia y China. Pero lo más grave es que coloca a los hondureños en una postura anticristiana, porque se vuelve indiferente ante la persecución que nunca antes habíamos visto en el continente americano, de un gobierno autoritario en contra de los cristianos. En Honduras, la casi totalidad de los hondureños –incluidos los marxistas y los militantes situados más a la izquierda en Libre - rechazamos la persecución que dirige Ortega en contra de obispos y sacerdotes católicos. Los católicos, somos teóricamente, miembros de una comunidad que trasciende a las fronteras; y que, nos consideramos que vagamos en el desierto de la tierra, en camino a la vida eterna. La abstención de Honduras en la OEA, es una ofensa para todos.

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