¿Creando realidades?

Fue Colin Wilson quien nos dijo: “La imaginación debería usarse no para escaparse de la realidad, sino para crearla”.

Este escritor, que dejó los estudios a los 16 años y trabajó en fábricas y otras ocupaciones, fue un voraz lector en su tiempo libre. A los 24 años publicó “The Outsider”, examinando el trabajo de figuras como Albert Camus, Ernest Heminway y William James, entre otros. El libro fue un éxito de ventas y ayudó a popularizar el existencialismo en Gran Bretaña. Colin Wilson se convirtió así en uno de los éxitos de la literatura británica. Sin duda no huyó de la realidad, usó su imaginación para acabar creándola.

Hay gente que ve a los optimistas como tontos y a los pesimistas como realistas. De hecho, los pesimistas nunca aceptarán que lo son. Acusan a los optimistas de “ver siempre las cosas color de rosa, y no enfrentar la realidad”.

Pero la gente muy pesimista frecuentemente percibe los peores escenarios y se escapan así, literalmente, de la realidad. Quizá es por eso que se dice que el pesimismo siempre lleva a la pasividad, porque piensa en términos de “es irremediable, no se puede hacer nada”. Sienten todo como una causa perdida. Viven una vida que refleja lo que Nietzsche dijo una vez: “Todas las cosas del mundo me disgustan; pero lo que más me disgusta es mi disgusto por todo”.

En este asunto del optimismo y el pesimismo, todo parece reducirse al punto de vista con que se mira la misma situación. Hay gente que ve en cada problema cuando menos la gran oportunidad de resolverlo. Y hay quien mira en cada oportunidad un gran problema. Quizá uno de los libros más inspiradores sobre este tema es “El poder del optimismo” de Alan L.

McGuinnis. Él pinta a los optimistas como “pensadores de posibilidades” y nos dice que el pesimista, en lo que se refiere al uso de la mente humana, es un desertor. Nos dice también que “el optimista en general goza de mejor salud, gana más dinero, es más feliz, se relaciona mejor con los demás y vive más tiempo”.

LO NEGATIVO: Pensar tan pesimistamente, que concluyamos que no vale la pena hacer nada.

LO POSITIVO: Pensar optimistamente. Usar nuestra imaginación y nuestra acción para crear esas realidades.