La resurrección, un tiempo maravilloso

Nosotros no creemos en un personaje perdido en la historia, sino que creemos en Jesús quien vive en la fe de los creyentes, en la fe que se contagia, que no se investiga. Y aunque no hemos podido verlo y tocarlo como hizo Santo Tomás, Cristo nos enseña a conocerlo y a compartir su vida mediante la fe...


La resurrección debe ser la fiesta más grande de la liturgia, la verdadera Pascua de todos los cristianos, porque demuestra la prueba evidente de la divinidad de Dios y de la Iglesia fundada por Él. La resurrección del Hijo de Dios es el punto central del evangelio, su poder sobre la muerte.


Pero, ¿qué sería de los cristianos sin la resurrección? ¿Qué sentido tendría nuestra fe si Jesús no hubiese podido vencer a la muerte? Tiene razón Pablo, cuando dice: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, vana nuestra predicación. Seremos falsos testigos de Dios, porque contra Dios testificamos que ha resucitado a Cristo, a quien no resucitó si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, ni Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, todavía siguen en sus pecados.” 1 Cor. 15: 14-17


No se puede negar que la resurrección provocó un cambio enorme en los apóstoles; el fervor y la fortaleza que desarrollaron para difundir la Buena Nueva es algo que todos admiten sin otra explicación, si Cristo no hubiera resucitado de entre los muertos y no hubiera enviado más tarde al Espíritu Santo. Así la resurrección debe cambiar a los hombres y llenarlos de gracia y verdad.


Además, la resurrección ha de ser para todos un tiempo precioso, radiante, maravilloso, lleno de esperanza, de paz, porque es un triunfo, una victoria, es un cambio como la primavera después del invierno, como el despertar de la naturaleza a una nueva vida.


La resurrección viene a ser un paso de la muerte a la vida, a una vida original, nueva, diferente, a una gran sorpresa.


Y esa es nuestra esperanza... Jesús resucitó y nosotros resucitaremos con Él, para formar parte de una humanidad nueva que no vencerá la muerte.