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La popularidad política de las Farc en Colombia

Siempre he pensando que los colombianos tenemos memoria. Casi que todos hemos sido tocados directa o indirectamente por los estragos de más de medio siglo de conflicto guerrillero. Hoy, y con la reciente entrega de presuntamente la gran mayoría del armamento de esta guerrilla, Colombia respira vientos de paz. Una paz que ahora es que empezará a forjarse. La firma del acuerdo del gobierno colombiano con la guerrilla no es el final. La paz solo se verá en la parcial aceptación de los ciudadanos y lo que viene con la reinserción a la vida civil de los guerrilleros. Es difícil el perdón y creer.

Es como cuando toca aceptar lo que no gusta pero no tiene vuelta atrás por como ha ocurrido la historia. La verdadera paz está en la unidad de un pueblo que no está unido, producto de la falta de educación pre y post conflicto de los mismos mandatarios que han luchado por el poder guiados a veces más por su ego que por servir, y un grupo narcotraficante y terrorista que hoy día se posiciona de víctima frente a muchas comunidades que no han sido educadas correctamente. Comunidades similares a las que, también por historia, desigualdad social, promesas no cumplidas, pero atractivas, eligieron a un Chávez en Venezuela. El presidente Juan Manuel Santos ha dicho esta semana en diversas entrevistas, una al diario El Universal de Cartagena, que los acuerdos de paz no se pueden cambiar y que aunque su popularidad tenga el índice de desaprobación más alto que se ha visto en un presidente en los pasados años (según el Yanhaas Poll un 81% desaprueba su gestión y según el Centro Nacional de Consultoría un 61%) los resultados se ven en los indicativos económicos y sociales.

De esos indicativos mencionados por el Presidente, el que más escepticismo me genera es el de la vivienda gratis. La vivienda, a mi criterio, en una sociedad como la colombiana, no debería ser gratis. Colombia tiene una larga historia de corrupción en la entrega de cualquier bien que sea llamado gratis para el pueblo. Primero que todo por la falta de coordinación real en lo que representa una vivienda social y, segundo, por la compra de votos en intercambio a vivienda o cualquier otro “regalo”. El Presidente también menciona el sistema de salud pública, y si es real que está un poco mejor la accesibilidad médica con un seguro universal, pero la iniciativa viene desde el gobierno anterior del ex presidente Alvaro Uribe. El tema de la educación gratuita para todos que Santos también ha mencionado como parte de su gestión, tiene sus matices controversiales. En dos semanas que llevo trabajando desde Colombia en este mes de junio, han habido más protestas de maestros que de las que he leído titulares en todo el pasado año.

El Presidente ha asegurado que el legado más importante es la dejada de armas de la guerrilla; es decir, el cese de actividades del grupo guerrillero, y con esto estoy en completo acuerdo. A partir de esto Colombia pudiera llegar a ser un país próspero y seguro, siempre y cuando las instituciones se encarguen de juzgar la corrupción política, educar a las comunidades de un país diverso, acabar con cultivos ilícitos y narcotráfico, legislar por la igualdad en los derechos básicos, pedagogía en como vivir en sociedad después de un conflicto, seguridad nacional (que ha sido desafortunadamente descuidada por una u otra razón recientemente) y lo más importante, recordarle al pueblo que debe tener memoria. Eso de perdonar pero no olvidar, sin sonar cursi.

Según un reciente artículo del diario El Espectador, la Farc, sí, esa que secuestró, violó y asesinó y traficó droga, tiene más aprobación política con un 15% que los otros partidos que representan a los colombianos en el Congreso. Los datos son de la encuestadora Gallup. No obstante, la desaprobación es de un 80%. La mejor lectura? El país está profundamente dividido. La transición apenas empieza, el futuro político del país es desafortunadamente completamente incierto.