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'Sir Allen”, amante del trópico, cricket y el dinero

  • Actualizado: 22 febrero 2009 /

Allen Stanford, acusado de un fraude de 9,200 millones de dólares, es un multimillonario texano de tercera generación, amante de las islas tropicales y de los deportes para ricos. Vea el video de Allen Stanford

Allen Stanford, acusado de un fraude de 9,200 millones de dólares, es un multimillonario texano de tercera generación, amante de las islas tropicales y de los deportes para ricos.

Vea: video de Allen Stanford

Nacido en 1950 en una pequeña ciudad petrolera de Mexia, a una hora y media de Dallas, Texas, sur de EUA, Stanford se hizo cargo de la empresa financiera familiar fundada en 1932 en plena depresión, ufanándose de los rígidos principios de su abuelo Lodis: “trabajo duro, visión clara, beneficios para los clientes”.

Hoy, el Stanford Financial Group, casa matriz de una nebulosa alrededor de la cual orbitan muchas empresas, reivindica clientes en 140 países, administrando unos 50 mil millones de activos.

Hace ya unos diez años, este hombre de bigote cuidado obtuvo la ciudadanía del paraíso fiscal antillano de Antigua y Barbuda, donde obtuvo un título nobiliario en 2006, que le fue concedido en presencia del príncipe Eduardo, el tercer hijo de la reina de Inglaterra. Desde entonces, exige ser llamado “Sir Allen”.

Este residente de St. Croix, en las Islas Vírgenes estadounidenses, multiplica los compromisos filantrópicos que le aseguran diversas distinciones honoríficas, entre ellas una que le fue conferida en 2006 por la Organización de Estados Americanos, OEA.

Sus pasatiempos

El Grupo Stanford participa de numerosos eventos deportivos en las Antillas, tales como un campeonato de polo y de regatas en Antigua, y es el creador de un torneo de cricket muy prestigioso organizado en estas islas caribeñas, lanzado en 2005.

Un torneo de golf organizado en Tennessee al sur de EUA es una etapa del circuito PGA, y Stanford apadrina también un torneo de tenis en Miami, Florida. Pero después del anuncio del involucramiento de Allen Stanford en un nuevo y gigantesco fraude bancario, que lo convirtió en un delfín del neoyorquino Bernard Madoff en el tablero de los mayores estafadores de todos los tiempos, se multiplican también las revelaciones sobre diversos síntomas de delirios de grandeza.

Este graduado en la modesta universidad texana de Baylor fue objeto de varias demandas por parte de la prestigiosa universidad de Stanford, por haber afirmado que estaría emparentado con su fundador, lo que la universidad niega rotundamente. La universidad californiana dio a conocer un comunicado en el cual recuerda su demanda por usurpación de marca y niega cualquier vínculo con “Sir Allen”.

En el ojo del huracán
Stanford también apareció en la prensa el año pasado tras dejarse fotografiar con las esposas de varios campeones de cricket inglés, una de ellas embarazada, sentadas sobre sus rodillas.

Tras el anuncio el martes de demandas por parte de las autoridades bursátiles, la liga inglesa de cricket puso fin a las conversaciones sobre un nuevo acuerdo de patrocinio por el Stanford Group.

El menosprecio de “Sir Allen” por las tradiciones parece extenderse a su estilo de administración: según la Comisión de Valores y Bolsa de Estados Unidos, el comité de inversiones del Stanford International Bank, SIB, que está en el centro del escándalo, era dirigido por personas elegidas más por su proximidad con Stanford que por su competencia.

Había hecho sentar allí a su padre, así como a un amigo de la familia en Mexia, más conocedor de ganado y de venta de automóviles, según la SEC. El director financiero James Davis era su compañero de cuarto en la universidad. Stanford tenía como asistente a una joven, Laura Pendergest-Holt, que no tenía ninguna experiencia financiera.

De Madoff a Stanford

Hay mucho en común entre sir Allen Standford y su ilustre predecesor, Bernard Madoff. Y alguna diferencia.

Tanto Bernard Madoff como sir Allen Stanford ofrecían elevadas ganancias, muy superiores a las de sus competidores. Los negocios de ambos eran además híbridos extraños. Sir Allen Stanford poseía un banco que admitía depósitos pero no concedía créditos, y Madoff administraba un fondo de inversión por el que no cobraba comisiones de mantenimiento. Cuando ambas firmas fueron auditadas, quienes husmearon en sus cuentas y procedimientos fueron empresas diminutas. Pero en lo que sobre todo se parecen es en que ambos conducían empresas que llevan sus propios nombres y que las gobernaban personal y directamente: líderes carismáticos, egos inmensos.

Mucho se ha hablado de los afanes de Madoff por crear a su alrededor un aura de excelencia que llevara a sus clientes a creer que pertenecían a un círculo selecto. Lo de Stanford era acaso más burdo, como corresponde a un demasiado ostentoso multimillonario tejano, pero igual de eficaz.

“Bondadoso”
Su fórmula era la de transmitir que era tanto el dinero que tenía que le sobraba. Lo escenificó en junio cuando aterrizó en el Lord’s Cricket Ground de Londres lanzando billetes desde un helicóptero forrado en oro ¿o sería simple pintura dorada? para anunciar un partido de criquet, su gran pasión, que tendría un premio de 20 millones de dólares.

¿Y la diferencia? Que Madoff paseó por Nueva York con una ligera sonrisa en la comisura de los labios después de aceptar su culpabilidad en un juzgado. Sir Allen Stanford, en cambio, cogió uno de los seis aviones que tiene a su nombre. Y salió volando. Ayer le localizaron las autoridades en Virginia y le comunicaron los cargos.

Los investigadores se están esforzando por desentrañar la vasta red panamericana de negocios de Stanford. Un imperio que alardeaba de sus resultados, pero que aportaba pocos datos sólidos que los respaldaran.

Allen cuenta con otras empresas latinoamericanas que aseguran estar implicadas en áreas de definición imprecisa desde la “planificación financiera” a la “inversión internacional”, en ciudades que van desde Monterrey en México a Medellín en Colombia.
Sir Allen también hacía alarde de gastos en un emplazamiento adecuado para el centro neurálgico de sus negocios internacionales, anunciando planes para crear un “complejo de gestión global” para Stanford Financial en St Croix, en las Islas Vírgenes estadounidenses.

Stanford en México opera en la incertidumbre

Ciudad de México. La filial de Stanford en México operaba normalmente, aunque algunos clientes que acudieron a la institución expresaron su incertidumbre ante la ausencia de información sobre el destino de sus ahorros, constataron fuentes. “Las oficinas se encuentran abiertas y la operación de la misma funcionando”, dice una circular pegada en la puerta de vidrio de un lujoso edificio en el exclusivo barrio Polanco de la capital mexicana, donde se encuentra la sede de la institución bancaria.

La Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Cnbv, “no ha intervenido ni clausurado a Stanford Fondos. Las cuentas y/o activos de dicha empresa tampoco han sido congelados por la autoridad”, informó por su parte la comisión en un comunicado. Añadió que “no existe ninguna restricción por parte de la Comisión, Cnbv, para que aquellos inversionistas que suscribieron contratos con Stanford Fondos en México puedan solicitar el retiro de sus fondos a esta empresa”.

Los empleados en estas oficinas “dicen que no pueden dar mayor información y están invitando a lo clientes a cancelar la cuenta a través de un formulario que se envía por fax a Antigua y Barbuda”, dijo Kristian Frich, presidente de un despacho de abogados, quien dice que su representado tiene ahorros de 25 años depositados en Houston, Texas. “Vamos a demandar tanto en México como en Estados Unidos y estamos invitando al público afectado para que se sume a la demanda porque en la medida en haya más gente tendrá más peso y fortaleza”, añadió Frich, en un intento por organizar a los clientes, que suman unos 200, según la prensa mexicana.