Al igual que lo hacen millones de peregrinos cada año, el papa Benedicto XVI bebió el sábado agua del manantial de Lourdes, milagrosa según los católicos, al visitar el santuario en una escarpada gruta que el pontífice considera 'una fuente de vida y esperanza'.
Una niña pequeña, con un atuendo de campesina del siglo XIX, entregó al Pontífice un vaso con agua del manantial, del que según la tradición brotó agua hace 150 años cuando la virgen María se le apareció en repetidas ocasiones a Bernadette Soubirous, o Santa Bernardita, de 14 años.
La gruta guareció a Benedicto de la lluvia, pero no del frío de la noche, cuando el Papa oró y encendió un cirio.
Benedicto voló a Lourdes, un poblado del suroeste de Francia, al pie de los Pirineos, luego de oficiar una misa al aire libre en París, a la que asistió más de un cuarto de millón de fieles --una muestra de fe en un país tradicionalmente católico pero en el que se ha reducido la asistencia a las iglesias en los años recientes--.
Durante la homilía en la capital francesa, el Papa condenó la 'pagana' pasión por el poder, el amor al dinero y bienes materiales por considerarlos una plaga moderna.
'No ha creado el mundo moderno sus propios ídolosé', dijo Benedicto, y se preguntó si la gente 'ha imitado, quizá sin darse cuenta, a los paganos de la antigüedad'.
Sin embargo, el principal objetivo del viaje del pontífice a Francia, el primero desde que se le nombró Papa en el 2005, fue visitar Lourdes durante el 150 aniversario de las apariciones a Soubirons, quien tuvo sus visiones al beber un poco de agua de un riachuelo que descubrió allí. Más de cinco millones de personas visitan Lourdes cada año — algunos en sillas de ruedas y muletas — con la esperanza de que beber y bañarse en las aguas curará sus males.
El Papa dijo que los milagros no son el motivo de la visita, sino la fe.
'No vamos a Lourdes buscando milagros', dijo cuando viajaba hacia Francia. 'El amor de la madre (María) es la verdadera cura'.
En la gruta, Benedicto XVI, de 81 años se paró en el mismo lugar donde oró hace cuatro años su antecesor Juan Pablo II. El antiguo Papa realizó la visita en el 2004 cuando tenía 84 años y sufría la enfermedad de Parkinson.
La misa de Benedicto XVI en París continuó la campaña iniciada por su predecesor, temeroso de que el acaudalado Occidente había transformado el consumo en una especie de religión a la par que ignoraba sus raíces cristianas de valores espirituales.
'El dinero, la sed de acaparar, el poder e incluso el conocimiento han apartado al hombre de su verdadero destinoé', preguntó.
En su homilía, Benedicto criticó la sed de la sociedad moderna por estos nuevos ídolos 'paganos', que consideró un 'escándalo, una verdadera plaga'.
El Papa conminó a los creyentes a 'evitar el culto a los ídolos. No se cansen de hacer el bien!'
El público recibió complacido sus comentarios.
'Fue una llamada al orden sobre lo que es esencial en la vida', comentó Herve Tarcier, un ingeniero de 49 años que se ofreció de voluntario para este acontecimiento. 'Fue exactamente el mensaje que necesita nuestra sociedad'.
Unas 260.000 personas congregadas en la Explanada de los Inválidos hicieron un alarde de fe en este que ha experimentado un notable descenso en los últimos años en el fervor religioso de esa fe.