'¡Le veo, le siento, ahí está!' gritaban algunos de los miles de jóvenes que se reunieron ayer en la explanada de la catedral de Notre Dame de París para recibir con entusiasmo y fervor al papa Benedicto XVI que los instó a avanzar en la fe 'sin tener miedo'.
Algunos de ellos parecían extasiados ante la presencia del Papa. 'Estamos emocionados, le hemos visto. ¡Benedicto XVI es nuestro Papa!', gritaron Manon y Caroline, dos adolescentes franceses.
Otros muchos admitían no conocer gran cosa de Benedicto XVI, ya que su icono de la infancia fue su antecesor, Juan Pablo II. 'Es Papa, es alemán y era el cardenal Ratzinger', acertó a decir Laetitia, de 17 años. 'Joseph Ratzinger', precisó Fanny, a su izquierda. 'Especialista en teología', completó Benedicto.
Reflexión
'Sabemos que es muy diferente de Juan Pablo II, todo el mundo tiene nostalgia, pero hay que darle tiempo para afirmarse', coincidieron estas jóvenes.
En la explanada de la catedral parisina no sólo se dieron cita jóvenes franceses.
Otros muchos procedían del resto de Europa y de otras partes del mundo.
Entre ellos, Piero, un italiano que trataba de empinarse por encima de la multitud, levantando, a su vez, a su bebé en brazos.
'Vengo de Roma y estoy aprovechando que estoy de visita aquí en París, para saludar al Santo Padre que es casi un vecino', comentó.
Inconvenientes
Una familia completa de españoles que también estaba allí, comentaba las dificultades que habían tenido para pasar las barreras policiales y poder acceder al lugar del encuentro.
'Pero valió la pena', dijo Victoria, que con su marido, sus dos hijas y dos de sus nietos llegó desde Madrid en la víspera para pasar unas vacaciones y 'nos hemos encontrado con la visita del Papa'. No fue el caso de María y Alicia, dos profesoras de Bogotá que programaron hace tiempo unas vacaciones en Francia, pero al saber de la visita del Papa hicieron todo lo posible por hacer coincidir el viaje.
'Y aquí estamos, es algo maravilloso', dijo una de ellas.
El jefe de la Iglesia católica llegó a la catedral de Notre Dame a bordo del 'papamóvil' procedente del Colegio de los Bernardinos.
Seguridad
Desde primera hora de la tarde, fieles católicos y numerosos turistas de visita en la capital francesa se concentraron en los puestos de control policial que delimitaban un perímetro alrededor de la catedral y por los que había que pasar para poder acceder a las inmediaciones del templo.
En la explanada de Notre Dame, buena parte de la organización estaba a cargo de jóvenes de ambos sexos vestidos con camisetas rojas y naranjas en las que llevaban la inscripción 'voluntarios'.
Estos jóvenes también distribuían unas banderas amarillas, del tamaño de un sobre, con la insignia del Vaticano, en cuyo interior había un libro de oraciones.
Jean-Edouard, un joven de 17 años que dirigía uno de éstos equipos, explicó que los voluntarios fueron reclutados a través de todas la diócesis del país entre los jóvenes católicos.
'Estoy muy cansado, pero muy feliz y orgulloso de poder estar aquí junto al santo padre', comentó por el abultado programa de la visita papal a París. AFP