Cientos de miles de peregrinos se dirigían ayer al valle de Mina, cerca de la ciudad saudita de La Meca, para emprender los ritos de una peregrinación bajo fuertes medidas de seguridad ante el riesgo de avalanchas humanas y de propagación de la gripe H1N1.
A pie o en autobús, en medio de inextricables atascos de tráfico, los peregrinos vestidos con su inmaculada túnica blanca recorrían la decena de kilómetros que separa a la primera ciudad santa del Islam del rocoso valle de Mina, donde deben pernoctar.
Las autoridades sauditas no precisaron el número total de peregrinos registrados este año; pero, según una fuente oficial, el país entregó visados a 1.6 millones de peregrinos extranjeros, a los que se suman cientos de miles de fieles residentes en Arabia Saudí.
Más de cien mil agentes de las fuerzas del orden están a cargo de la seguridad durante la peregrinación.
A ellos se suman veinte mil efectivos médicos debido al temor de propagación de la gripe H1N1.
Pocos peregrinos llevaban máscaras ayer en su camino a Mina por una carretera en la que circulaban numerosas clínicas móviles y ambulancias.