Brasilia.

Mientras el presidente brasileño Michel Temer es asediado por la justicia, el Congreso debate a puertas cerradas una eventual sucesión. El mandatario dijo que no renunciará y, como respuesta, recibió la presentación de 16 pedidos de impeachment ante la Cámara de Diputados.

Acusándolo de un crimen de responsabilidad (que atañe solo a funcionarios públicos), ayer presentó el suyo la Orden de Abogados de Brasil ( OAB), una entidad que jugó un papel clave en el juicio que hace un año destituyó a Dilma Rousseff y puso fin a un ciclo de 13 años de la izquierda en el poder. “Estamos nuevamente, en un brevísimo espacio de tiempo, pidiendo el impeachment de un presidente de la República, pero de forma absolutamente independiente”, dijo el presidente de la OAB, Claudio Lamachia.

Pero muchos en el Parlamento apuestan a una salida institucional a través del Tribunal Supremo Electoral, que a partir del 6 de junio examinará una denuncia para anular el resultado de las elecciones de 2014, en las que fue reelegida la fórmula Rousseff-Temer.

Fuentes en el Palacio presidencial de Planalto dijeron ayer que Temer se mantiene “firme y maniobrando para tratar de aplacar la crisis” y sus aliados creen que el juicio en el TSE no será tan rápido como muchos esperan.

Ante la presión, el presidente ordenó ayer retirar los militares de las calles de Brasilia.