Washington, Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país “tomó Venezuela” tras la captura de Nicolás Maduro y sostuvo que los ingresos derivados del petróleo venezolano ya habrían permitido recuperar varias veces los costos de la guerra.
Las declaraciones fueron realizadas durante una cena en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, en Washington, junto a legisladores del Partido Republicano, donde Trump habló sobre la nueva relación entre ambos países y el aprovechamiento de los recursos energéticos venezolanos.
“Estamos usando esto ahora. Nos tomamos Venezuela y pagamos por la guerra unas 54 veces ya. ¿Cuándo fue la última vez que oyeron algo así?”, manifestó el mandatario estadounidense.
Trump agregó que la nueva relación entre Washington y Caracas está generando beneficios económicos para ambas partes. “Venezuela ha estado genial y les va genial. A nosotros nos va genial. Los dos estamos haciendo cantidades masivas de dinero y estamos trabajando muy bien con Venezuela”, afirmó.
El mandatario también volvió a referirse a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, y aseguró que ambos enfrentarán un proceso judicial en Estados Unidos por lo que calificó como “delitos pesados”.
Trump recordó que la pareja enfrenta acusaciones relacionadas con narcoterrorismo, conspiración para introducir cocaína en Estados Unidos y delitos vinculados con armas. Además, sostuvo que todavía falta formular un cargo que considera particularmente grave.
El presidente estadounidense también acusó a Maduro de haber enviado presos venezolanos hacia territorio estadounidense después de, según su versión, vaciar las cárceles de Venezuela. Estas afirmaciones forman parte de sus argumentos para defender la política adoptada por su Administración hacia Caracas.
Acuerdo de Venezuela y Estados Unidos
En paralelo, Venezuela y Estados Unidos avanzan en un acuerdo petrolero de gran magnitud. El convenio contempla el desarrollo de 17 campos con reservas estimadas en unos 65.000 millones de barriles y una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.
El acuerdo tendría una vigencia de 25 años y contempla inversiones superiores a 100.000 millones de dólares. Sin embargo, especialistas citados en torno al convenio han advertido que los anuncios todavía deben traducirse en inversiones efectivas, producción y exportaciones.
El economista Asdrúbal Oliveros consideró que se trata de un acuerdo de una escala extraordinaria, pero advirtió que todavía existen interrogantes sobre la estructura contractual, las garantías, el régimen fiscal y los compromisos reales de inversión.
Uno de los principales desafíos será recuperar la capacidad de producción de la industria petrolera venezolana. Para ello se requieren infraestructura, servicios especializados, talento y condiciones que permitan atraer capital para proyectos cuya recuperación puede extenderse durante décadas.
El acuerdo también ha generado cuestionamientos políticos. Sectores de la oposición venezolana han criticado que Washington establezca acuerdos con las autoridades que actualmente gobiernan el país, mientras advierten que cualquier recuperación de la industria petrolera debería estar acompañada de instituciones sólidas y legitimidad política.
Los 17 campos contemplados en el convenio fueron asignados a North American Blue Energy Partners (NABEP), compañía vinculada al empresario Alejandro Betancourt. La Casa Blanca ha señalado que Estados Unidos tendrá poder de veto sobre el nombramiento de integrantes de su junta directiva y que la mayoría de sus miembros deberá ser estadounidense.
La magnitud del convenio y el papel que tendrá la empresa encargada de operar los campos han generado dudas entre analistas, quienes consideran necesario establecer controles para evitar que una sola compañía concentre un poder excesivo sobre una parte estratégica de la industria petrolera venezolana.
Mientras el acuerdo comienza a tomar forma, Trump presenta la nueva relación con Venezuela como un beneficio económico para Estados Unidos. Su afirmación de que Washington “tomó Venezuela” y que el petróleo ya pagó la guerra varias veces coloca nuevamente el vínculo entre ambos países en el centro del debate político y energético internacional.