El papa Benedicto XVI comenzó ayer con las celebraciones de la Semana Santa.
Benedicto XVI no hizo mención del escándalo sobre sacerdotes peredastas que sacude a la Iglesia Católica en su homilía del Domingo de Ramos, pero una de las oraciones, recitadas en portugués durante la misa, fue “por los jóvenes y por aquéllos a cargo de educarlos y protegerlos”.
Cristo, dijo el pontífice, guía a los fieles “hacia el valor que no nos deja ser intimidados por las conversaciones de opiniones dominantes, hacia la paciencia que apoya a los demás”. El Domingo de Ramos conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y marca el inicio de la Semana Santa, que incluye la representación de la crucifixión y muerte de Cristo el Viernes Santo y su resurrección dos días después, el Domingo de Pascua.
Vida cristiana
Desde el “papamóvil” y bajo el sol, el Papa bendijo los ramos esgrimidos por la muchedumbre compuesta en especial por miles de jóvenes, pues el Domingo de Ramos coincidió este año con la “Jornada Mundial de la Juventud” celebrada por los jóvenes católicos del mundo entero en cada diócesis.
Durante su homilía, Benedicto XVI recordó a los jóvenes que la vida cristiana es un camino, un peregrinaje, con Cristo: “Un andar en la dirección que ha escogido y nos ha mostrado”.
La celebración también se extiende en todos los países del mundo donde hay cristianos.
En Guatemala el cardenal Rodolfo Quezada lamentó ayer la división que existe entre la sociedad de su país y dijo que muchos prefieren irse a la playa durante la Semana Santa.
A criterio de Quezada, la sociedad está dividida en cuatro grupos: los indiferentes, los cobardes, los violentos y los fieles.
El religioso explicó que los indiferentes son aquéllos que hoy prefieren irse a las playas a pasear durante las festividades de la Semana Mayor, que, según la Iglesia, debe ser un momento de reflexión y recogimiento espiritual.
Mientras una marea de cristianos llegados a Jerusalén de todos los continentes descendió ayer por el Monte de los Olivos agitando palmas y ramas de olivo en la alegre procesión del Domingo de Ramos.
La ceremonia comenzó en la iglesia de Betfagé, levantada en una aldea palestina en la ladera noreste del Monte de los Olivos sobre la piedra en la que, según la tradición, Jesús se apoyó para subirse al borrico a lomos del cual entró en Jerusalén.
Allí se congregó una animada comitiva de peregrinos y religiosos de distintas confesiones cristianas que entonaban cantos en diversos idiomas mientras bajaban por el torrente de Cedrón hasta la Puerta de los Leones o de San Esteban.
Esa entrada de piedra blanca da acceso a la vieja ciudadela amurallada por la Vía Dolorosa, camino que recorrió Jesús desde el palacio de Pilato hasta el Gólgota, donde fue crucificado y hoy se levanta la Iglesia del Santo Sepulcro.
Hoy es un día de gloria, de regocijo, de fiesta y se puede ver en el ambiente que es un día de alegría en el que la gente recuerda ese gran acontecimiento, la llegada de Jesús desde Jericó y su ingreso solemne en Jerusalén”, dijo a Efe el franciscano Artemio Vítores, vicecustodio de Tierra Santa.