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Santa Rosa de Aguán, un municipio aislado luego del Mitch

Santa Rosa de Aguán se mantuvo en el atraso acentuado por el huracán Mitch. En los últimos ocho años, el municipio comenzó a renovarse

La corporación municipal, dirigida por Pablo Castro, construye el primer parque central y un edificio para oficinas en Dos Bocas. El alcalde y la mayoría de funcionarios trabajan en una casa contigua que aloja el departamento de Catastro. Fotos: Joseph Amaya.
La corporación municipal, dirigida por Pablo Castro, construye el primer parque central y un edificio para oficinas en Dos Bocas. El alcalde y la mayoría de funcionarios trabajan en una casa contigua que aloja el departamento de Catastro. Fotos: Joseph Amaya.

Tras el huracán Mitch, Santa Rosa de Aguán, la cabecera municipal, se convirtió en un pueblo aislado de calles peatonales porque los automóviles jamás regresaron.

Ahora, Dos Bocas, su única aldea, pavimenta sus vías, construye una plaza y configura su estructura institucional para ser una nueva ciudad.

El edificio de la Municipalidad se encuentra en Santa Rosa, sin embargo, Pablo Castro González, alcalde desde 2010, gobierna el municipio desde la oficina catastral situada en esta aldea dedicada a la ganadería, producción de arroz, sandía, plátano y maíz.

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Esta es una zona productiva que merece ser apoyada.

Pablo Castro González, Alcalde

En Santa Rosa pareciera que el tiempo se congeló en 1998. Los habitantes viven sumidos en un letargo y desde sus casas algunos solamente logran escuchar el ruido de las olas y el del follaje de los cocoteros y los manglares. cuando el viento es fuerte.

Mientras a través de las calles pavimentadas de Dos Bocas, comunidad incrustada en una zona de más de 6 mil hectáreas de palma aceitera, salen camiones cargados con productos agrícolas y entran vehículos con artículos fabricados en otras ciudades del país.

“Aquí hay una gran actividad comercial. No ha sido fácil llegar hasta aquí. Hasta hace poco comenzamos a ver el desarrollo. El pueblo me eligió como alcalde y yo comencé a pavimentar las calles en 2010 y después hice los dos muelles para que Santa Rosa y Dos Bocas tuvieran comunicación por medio del Río Aguán”, dice.

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Ya vivimos la desgracia del Mitch y sabemos que aún hay riesgos

Felipe Oliva Ruiz, Juez de policía municipal

Después de que Mitch arrasara la población asentada en las riberas de la desembocadura, una parte de los habitantes de Santa Rosa se trasladó a nuevas colonias de Dos Bocas , como la Miramontes, construidas por organizaciones internacionales.


La actividad comercial y la seguridad que ofrece Dos Bocas, frente a los fenómenos naturales, motiva a más personas a radicarse en esta aldea y obliga a la Municipalidad a invertir y buscar ayuda para desarrollar nueva infraestructura.

“Santa Rosa ya no es como antes, no hay muchas personas viviendo. Ahora, en Dos Bocas hay más movimiento y por eso estamos pavimentando y estamos construyendo un parque pequeño, el Gobierno nos hará otro y mi sueño es instalar el sistema de agua potable. Despacio, pero estamos saliendo del atraso”, dice.

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La administración de González, con los impuestos que pagan los ganaderos, productores de palma y otros agricultores, ha pavimentado seis de 21 kilómetros de calles y espera que el Gobierno concluya los otros 15.

“Santa Rosa tuvo su buen momento. Antes del Mitch había actividad comercial. En todo este tiempo el pueblo se estancó por ser una zona de alto riesgo. Las inversiones, ahora, las hacen en Dos Bocas porque es una zona más segura y tiene comunicación por tierra con Trujillo, Tocoa y otras ciudades”, dice Felipe Oliva Ruiz, juez de policía del municipio.

Dos Bocas, por estar conectada con tierra firme y poseer bodegas y negocios grandes, es el proveedor de alimentos de Santa Rosa. Los envía por lanchas, el único medio de transporte que conecta a las dos comunidades.