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Morolica resurgió de la arena después del paso del huracán Mitch

El devastador huracán Mitch arrasó por completo con el municipio de Morolica en octubre de 1998. Organizaciones internacionales aportaron los materiales y los habitantes trabajaron en la construcción de las casas en un nuevo sitio.

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Nueva Morolica (con 352 casas y 320 familias) basa su economía en la agricultura, ganadería y en las remesas enviadas por unas 2,000 personas que después del Mitch emigraron y ahora viven en Estados Unidos y España.
Nueva Morolica (con 352 casas y 320 familias) basa su economía en la agricultura, ganadería y en las remesas enviadas por unas 2,000 personas que después del Mitch emigraron y ahora viven en Estados Unidos y España. / Fotografs AFP, Yoseph Amaya, Melvin Cubas, Archivo LP

Morolica, Choluteca.

Un día después de la inundación que dejó, hace 20 años, el potente huracán Mitch, los más de 2,500 habitantes (refugiados en carpas improvisadas y en viviendas de la parte alta del municipio) bajaron a curiosear al casco urbano de Morolica y, antes de llegar, pudieron percatarse de que todo había desaparecido. Todas sus casas estaban destruidas.

El ciclón dejó más de 5,677 personas fallecidas en su paso por el país, y miles de damnificados. Es el fenómeno más potente del siglo XX.

De la iglesia católica de Morolica, el único edificio imponente, solo quedaron las paredes de adobe y ladrillo (de 1.5 metros de grosor), igual suerte corrieron el colegio y el centro comunal. El resto del pueblo quedó borrado. Para fortuna de todos, no había cadáveres de seres humanos entre los escombros.

“El 31 de octubre, cuando amaneció, fue algo muy triste. La gente gritaba, lloraba y se tiraba al suelo. Las personas se preguntaban dónde esta mi casa. Lamentablemente, todas las casas estaban destruidas”, relata Reinery Anderson Ponce, exregidor municipal.

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En el amanecer del 31 de octubre vivimos lo más crítico. Es una experiencia muy grande

Arnulfo López
Secretario municipal

En los últimos días de octubre de 1998, mientras el alcalde viajaba hacia Tegucigalpa a pedir apoyo, Anderson Ponce (ahora con 70 años de edad) asumió la dirección de un pueblo que de un momento a otro se encontró sumido entre la confusión y la orfandad.

El huracán Mitch, con las poderosas aguas desbordadas de los ríos Choluteca y Texíguat, les arrebató los bienes materiales a las familias de este pueblo dedicado (desde su fundación en 1824) a la ganadería, agricultura y la pesca; a la pelea de gallos y fútbol los fines de semana.

“Del pueblo, no murió ninguna persona porque unos dos días antes nosotros nos organizamos y le pedimos a la gente que saliera de las casas. Algunos nos decían que estábamos locos.

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El Fondo Hondureño de Inversión Social y la Asociación de Municipios de Honduras contrataron al arquitecto Ronald Astul Torres (asesinado en 2014) para que diseñara la nueva ciudad.


Durante 18 meses, contados desde la semana que azotó el Mitch a Honduras, los habitantes de Morolica vivieron bajo carpas y galeras con techos de láminas de zinc cerca de Las Delicias, y alimentándose gracias a la solidaridad de organizaciones internacionales.

Ramón Adalberto Espinal, alcalde de Morolica, ahora con 59 años, recuerda con nostalgia a Gerhard Franke, coordinador para América Latina de Malteser International, porque “durante ese tiempo él se comportó como un padre”. “El compraba el maíz, arroz, los frijoles, manteca, utensilios de cocina, colchonetas y todo lo que necesitaban los niños”, relata.

Brigadas de miembros de Malteser, organización humanitaria de la Soberana Orden de Malta, las agencias de desarrollo de Suiza, Estados Unidos, España, Japón y Noruega; la Cruz Roja Internacional, Visión Mundial, Plan Internacional y otras organizaciones (entre ellas las iglesias), comenzaron a ayudar de una u otra manera para erigir Nueva Morolica, que costó unos L100 millones.

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Periodistas de LA PRENSA caminan entre las ruinas de Morolica.


Espinal, que en 1998 ganaba apenas L750 de salario, jamás perdió las esperanzas y las ilusiones de refundar la ciudad en un lugar con menores riesgos.

“Ese año, la Municipalidad tenía pocos ingresos, unos L18,000. Era muy poco para comprar un terreno de 50 manzanas que costaba L1.5 millones”, dice. Sin embargo, él y sus regidores, conscientes de que no tenían dinero, contactaron a organizaciones, entre ellas, la Iglesia evangélica de Billy Graham.

Calvin Weddle (murió el 10 de marzo de 2001), diputado de Choluteca que ocupaba el cargo de vicepresidente del Congreso Nacional, “consiguió un subsidio”, el Gobierno aportó otra parte y la Municipalidad dio una cantidad simbólica.

“Yo tenía 14 años y estaba en tercer curso. Cuando construimos las casas fue algo impresionante. Todos trabajábamos en equipo, todos trabajamos para todos. Trabajamos como las hormigas. Nosotros no sabíamos qué casa nos iba a tocar”, recuerda Arnulfo López, actual secretario municipal.

El 7 de marzo de 2001, las autoridades municipales, representantes del Gobierno y organismos internacionales refundaron a Nueva Morolica a unos 5 kilómetros al norte de donde dos familias chorotegas (moros y licas) habían establecido el asentamiento ahora en ruinas.

Refundación
Morolica, municipio de Choluteca, fundado en 1824 por dos familias de la etnia chorotega (los moros y los licas), desapareció tras ser arrasado por las aguas de los ríos Choluteca y Texíguat la noche del 30 de octubre de 1998.



Nueva Morolica conserva los nombres de todas las instituciones que poseía hasta que la golpeó el Mitch, por ejemplo, el colegio lleva el del expresidente Ramón Ernesto Cruz (1971-1972), la escuela se llama Presentación Barahona. De manera excepcional, los habitantes, para rendirle un tributo en vida al alcalde, decidieron renombrar el centro de salud y ahora se llama Ramón Adalberto Espinal.

Expuesta a los efectos nefastos de la sequía, por encontrarse en el corredor seco, Nueva Morolica (con 352 casas y 320 familias) basa su economía en la agricultura, ganadería y en las remesas enviadas por unas 2,000 personas que después del Mitch emigraron y ahora viven en Estados Unidos y España.