En pie de lucha se encuentran trabajadores y sindicalistas de la compañía bananera Standard Fruit de Honduras, ante el anuncio del cierre de trece fincas que se hará a finales del presente mes.
Ante el temor de perder lo que con años de esfuerzo han logrado, hicieron un llamado a las autoridades para que evite que se produzca la masiva pérdida de empleos.
Los rostros de hombres y mujeres del campo están cabizbajos y en sus ojos se nota la intranquilidad que ha producido el anuncio de la compañía, a tal grado que ya no se está trabajando con la misma tenacidad de siempre. Desde los años mozos en los cuales había derroche de dinero, hasta la presente recesión han transcurrido muchos beneficios para la clase obrera del Bajo Aguán.
Esto se tradujo en mejoras a su calidad de vida, lo cual ahora ven bajo una fuerte amenaza.
Ex empleados de la bananera y actuales jornaleros de Coyoles Central, vaticinan que si la compañía se va abandonando la producción, el desempleo en el lugar será tal que habrá cierre de negocios y una masiva emigración a las grandes ciudades.
Reunidos en la sede del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Standard Fruit Company, Sutrasfco, los dirigentes sumamente preocupados debatían ayer sobre el futuro incierto de su organización, así como la vida de sus agremiados.
“Como dirigentes sindicales acatamos la orden de la mayoría de los campamentos y ya han salido dos resoluciones. La primera es esperar que se lleve a cabo la reunión con el presidente Porfirio Lobo.
De no tener una resolución del documento presentado y que se vaya del sector la transnacional, ellos no se llevarían ni un solo clavo”, aseveró Heriberto Martínez, dirigente gremial.
“La empresa actuó de forma irresponsable, ya que no fueron sinceros en decir las cosas y explicar que se rompían las pláticas en una negociación. Ellos no lo dijeron y eso nos sorprende porque ha existido buena comunicación e incluso se tenían firmadas 27 cláusulas”, aseguró Rumualdo Mejía, otro dirigente sindical.
Temor colectivo
En la finca de Palo Verde A, minutos antes del mediodía, se observó la salida de varios trabajadores de la empacadora. La mayoría iba con una bolsa plástica en mano, de esas que utilizan como colchonetas para el descanso, luego de una dura jornada en donde el olor a banano se impregnaba en sus pieles.
Se percataron de la presencia del equipo de LA PRENSA y algunos guardias les pidieron que no salieran. Sin embargo, se pudo dialogar con trabajadores fuera del plantel.
Denis Rosales, con trece años de laborar en la compañía, no ocultó su preocupación ante lo ocurrido.
“Estamos esperando que los dirigentes que van a ir a consultar con el Presidente tengan resultados, porque nunca habíamos llegado a esta situación”, señaló evidentemente preocupado.
El obrero, quien se encontraba tomando una hora de descanso bajo la sombra de un árbol, manifestó que sus familiares constantemente le consultan sobre el futuro suyo y el de sus compañeros de trabajo.
“Están preocupados, tenemos nuestras familias, convivimos en los campamento y si la empresa se va no sabremos qué hacer. No tenemos para donde agarrar”, comentó. Heriberto Cardona, un veterano bananero, recordó que el domingo anterior se acostó tranquilo sin tener las más mínima idea que un día después se daría a conocer el comunicado que les ha robado la paz y el sueño.
“Esta fuente de trabajo se nos está escapando de las manos. Platicamos como trabajadores y la gente está bastante desmoralizada por esta mala noticia, ya que no estábamos preparados para esto”, dijo.
De la dura amenaza no escapan hasta los famosos “almuerceros”. Ellos son quienes cada mediodía son esperados por agotados trabajadores que ven a lo lejos el paso acelerado de quien les lleva su sustento.
“Con esto, hasta los que vamos a dejar almuerzos nos vamos a quedar sin recibir un pago. Por eso se dice que todos vamos a quedar jodidos si se llega a ir esta compañía”, dijo a su paso un ciudadano dedicado a esa digna labor.
Confían en pronta solución
Guillermo Ramos, secretario de la Federación Sindical de Trabajadores de Honduras, Fesitranh, explicó que el movimiento sindical siempre ha estado en crisis y ésta no es la excepción.
“Tenemos la esperanza de que este problema pueda ser superado. No sólo afectan al Sutrasfco, sino también a toda una comunidad como La Ceiba y Olanchito donde miles se van a ver perjudicados con la situación que está creando la transnacional”, refirió. Asegura que este nuevo episodio en torno a una compañía transnacional es un reto sindical, por lo que deben sentarse a dialogar y a analizar lo que más convenga a los trabajadores, empresarios y el país, señaló.
Entretanto, Nestor Emilson Velásquez, representante del sindicato Sitrabarimasa, dijo que éste puede ser un aviso para otros sectores agremiados.
“Estamos en un situación difícil, pero hemos decidido apoyarnos mutuamente en todo lo que sea necesario en estos momentos”, argumentó.
LA PRENSA buscó las reacciones de los representantes de la transnacional para obtener sus puntos de vista sobre el cierre de las fincas; pero éstos evitaron dar a conocer sus opiniones debido a políticas internas de la empresa bananera.
Pese a que las autoridades de la Standard aseguran que ya comenzarán a pagar las cesantías de los 2,300 trabajadores, en la mayoría siguen vivas las esperanzas.
En miles de campeños que nacieron y crecieron en medio de las fincas sigue viva la firme convicción de que en lo que falta de la recta final de este conflicto se puedan lograr acuerdos en los cuales los trabajadores conserven sus trabajos, el país no se enfrente a una crisis agraria y la transnacional siga operando como ha ocurrido en los últimos 85 años.