04/05/2026
08:22 AM

Una lección del pasado

  • Actualizado: 18 abril 2009 /

Esta semana Honduras sufrió una de sus peores catástrofes culturales de toda su historia. Un incendio arrasó el Palacio Espiscopal, la Iglesia del Carmen, el Museo Eclesiástico Colonial y la Capillla del Santísimo, en la ciudad de Comayagua.

Esta semana Honduras sufrió una de sus peores catástrofes culturales de toda su historia. Un incendio arrasó el Palacio Espiscopal, la Iglesia del Carmen, el Museo Eclesiástico Colonial y la Capillla del Santísimo, en la ciudad de Comayagua. Con ellos se destruyeron piezas invaluables de nuestra rica herencia colonial y archivos con información que se remontaba desde el siglo XVII. Una pérdida irreparable.

A dos cuadras del siniestro se encuentra el Museo de Arqueología de Comayagua. Gracias a Dios no le pasó nada y con la esperanza de preservar en nuestras conciencias la riqueza enorme de nuestro país, antes que desaparezcan, considero oportuno compartir algunas imágenes que realicé un par de años atrás para la Dirección de Casas de la Cultura.

El Museo de Arqueología fue fundado en 1940 por el coronel Gregorio Sanabria, gobernador político de Comayagua en ese entonces. Está ubicado en la centenaria Plaza San Francisco, en una casa construida a finales del siglo XVI, en la época de la Colonia. Durante ese período el inmueble sirvió de casa de habitación al gobernador español y a partir de la Independencia se convirtió en la primera Casa Presidencial, una función que realizó entre 1824 y 1880 y que la convierte en una estructura de enorme valor histórico.

Diferentes salas en el interior del inmueble nos narran distintas etapas por las que ha atravesado nuestro país. Huesos fosilizados de animales prehistóricos sorprenden, de entrada, al visitante, una muestra interesante porque pocas veces podemos apreciar testimonios tangibles de nuestra prehistoria.

Más adelante, réplicas de pinturas rupestres, nos indican la aparición de los primeros pobladores en la zona, quizá, individuos todavía seminómadas que deseaban dar testimonio de su realidad para otras generaciones. Con el tiempo los hombres se asentaron formando pequeñas comunidades que ahora llamamos aldeas, como las de Chilcal o Yarumela, aldeas que son para muchos investigadores las primeras comunidades organizadas de Honduras. De hecho, hasta hace un par de años atrás cerca de 74 asentamientos arqueológicos estaban registrados en los estudios del museo. Sin duda alguna, en este momento se deben de haber descubierto más.

Numerosas piezas en barro, algunas utilitarias y otras con fines ornamentales, nos enseñan los diferentes grados de avance que alcanzaron los pueblos asentados en la zona del valle de Comayagua y alrededores. Quizá éste es el museo lenca prehispánico más grande e importante de Honduras.

Con la llegada de los españoles todo cambió. Ruedas de molino, quizá para extracción de metales, se encuentran en los jardines del museo; y la misma casa fue sede del poder español durante los siglos de la Colonia.

Una de las piezas más interesantes que encuentra el viajero es un ejemplar del primer libro impreso en Honduras. Una pieza que por sí sola justifica el traslado hasta Comayagua.

Afortunadamente el museo no sufrió ningún percance y es un buen momento para las escuelas, colegios y universidades de organizar viajes de estudio para recorrerlo. Es cierto que ante la leche derramada no vale la pena llorar, pero la tragedia cultural que sufrió Comayagua, y por ende Honduras, nos avisa que es tiempo de volver a documentar y difundir nuestros tesoros. Ante los imprevistos es nuestra obligación preservar lo que nos heredaron nuestros antepasados, para beneficio de nuestros hijos.