22/04/2026
07:15 AM

Tesoros de Colón

Es un departamento que tiene de todo un poco, como ser: historia, arquitectura, reliquias, piezas y vistas hermosas.

Un puñado de monedas antiguas que le regaló su padre siendo niño fueron las primeras piezas que coleccionó Rufino Galán. Ahora, a sus 82 años, se ufana de tener un museo particular con 60 mil reliquias históricas, coleccionadas a lo largo de su vida.

El escritorio de madera que utilizó el general José Trinidad Cabañas cuando fue administrador de aduanas y rentas de Trujillo forma parte de las piezas que “hablan” sobre este histórico puerto en el museo de don Rufino.

El museo de rústica estructura parece querer reventar con tantos vestigios de historia que su dueño ha ido guardando en su interior para mostrar el pasado a los turistas.

Fuera de él se encuentran las piezas más grandes, como la hélice de un avión militar de Estados Unidos que cayó en Puerto Castilla en 1985 con 21 personas a bordo, las cuales fallecieron.

Su esposa Margarita Sánchez sirve de guía a los escasos visitantes que llegan a conocer aquel revoltijo de cosas que don Rufino le fue arrebatando al tiempo durante sus 70 años de coleccionista.

“éste es el rifle con el que el general Carlos Sanabria mató a 35 reos en 1935, cuando fue comandante de Trujillo”, dice doña Margarita mientras señala una arma oxidada que cuelga en lo alto de una pared.

En ese tiempo el presidio funcionaba en el fuerte Santa Bárbara, cuyos restos aún se yerguen frente a la bahía, como librando una batalla a muerte contra el tiempo, después de haber resistido los ataques de los piratas.

Algunos de los grilletes que por aquella época colocaban a los reos en los presidios para evitar que se fugaran también son mostrados por la esposa del coleccionista.

Por su parte, don Rufino recuerda que una vez un capitán de apellido Martínez estaba queriendo deshacerse de una imprenta que había quedado abandonada en la vieja fortaleza.

Cuando el militar estaba a punto de destrozar aquella reliquia, él intervino y se la quitó. Ahora la muestra orgulloso en su museo. “Fue la primera imprenta que llegó a Trujillo”, dice.

Cuando la gente se dio cuenta de que don Rufino recogía antigüedades, sobraba quien lo llamara para que fuera a recoger toda clase de artefactos viejos que les estorbaban. “Hey loco, vení a llevarte esto que no sirve para nada”, solía decirle la gente, según cuenta.

Fue así como se hizo hasta del farol que servía de guía a las embarcaciones en la cercana comunidad de Bonito Oriental.

Otras piezas provenían de donaciones, como es el caso de una campana que le regaló la cónsul inglés en Trujillo, Ada Melado, a principios del siglo pasado.

Tras terminar el recorrido por el interior del museo, el visitante sale al traspatio a través del marco de la que fuera la primera bóveda del Banco Atlántida, que sirve a manera de puerta.

Aquí, un aire fresco invita a la recreación en un predio acondicionado para tal efecto, con juegos mecánicos y animales enjaulados cerca de un arrollo.

La Fortaleza
Uno de los sitios más visitados por los amantes de la historia en Trujillo es la fortaleza de Santa Bárbara enclavada en la orilla de la barranca de la ciudad.

La fecha exacta de la construcción de la fortaleza sigue sin establecerse. Lo que sí es cierto es que una vez edificada, enfrentó una serie de ataques por parte de los piratas.

Casi todos los piratas más temidos de la época estuvieron allí. Era una de las agrupaciones más grandes de piratas que jamás había y claramente muestra que los españoles estaban en una situación difícil, según explican los guías de la fortaleza.

La vieja estructura ha recibido tantas restauraciones que hoy en día existe sólo aproximadamente un 50 por ciento de la construcción original. Desde 1920 a 1959 se utilizaba como prisión. Hoy en día dispone de una vista maravillosa de la bahía. Desde arriba, donde se encuentran los cañones, uno puede imaginarse la ansiedad que los residentes sentían al ver en la distancia las velas de los barcos cuando entraban a la bahía.

En Trujillo se puede visitar el lugar donde estuvo preso el filibustero William Walker, al igual que la tumba en el viejo cementerio donde fue enterrado.

Leyendo las historias de aquellos piratas no es difícil imaginar el grupo de extranjeros conviviendo en el trópico, jugando billar y tomando licor en cantidad, mientras el calor y las brisas tropicales mandaban a otros a sus hamacas, ya que hoy en día es la misma historia.

Quizás usted quiera conseguir una copia de esas historias cuando visite Trujillo.

La reina del Aguán
Tocoa, la reina del Aguán, con su agitado movimiento comercial, es el paso obligado para quienes buscan las apacibles playas de Trujillo y su caudal histórico.

La historia dice que fue fundada en 1871 por pobladores provenientes de Olancho y declarada municipio en 1892. Su primer alcalde fue Juan J. Evangelista y el actual es Adán Funes.

El auge comercial de esta ciudad es el resultado de muchas cooperativas que nacieron dentro del proceso de la Reforma Agraria.

“Año con año surgen de diez a 15 nuevas casas comerciales. El año pasado se erigió el mall y 22 nuevos comercios. Este año, por las circunstancias en el mundo, ha mermado un poco ese crecimiento”, dice el presidente de la Cámara de Comercio de Tocoa, Pablo Zapata.

Aquí predomina fundamentalmente el comercio porque, aparte de la fábrica de manteca y aceite Coapalma, no hay industrias de importancia, agregó.

Tampoco existen muchos centros turísticos; los pocos que hay son los sitios aledaños al mar. Más bien, los pobladores, cuando quieren recrearse, van a Trujillo, a 58 kilómetros de Tocoa, por carretera pavimentada.

Empero, existen muchos restaurantes y cafeterías colmadas siempre de visitantes que llegan en vías de negocios o hacen un alto en su camino.

Al menos 152 negocios de diferentes tipos operan en la ciudad, la mayoría en manos de personas que llegaron de otras comunidades atraídas por el boom económico en el Bajo Aguán.

Los comerciantes no esperan apoyo de los políticos. “Hemos hablado de la necesidad de un macroproyecto que contribuya fundamentalmente a que el crecimiento de la zona sea mayor”, dijo Zapata. El dirigente empresarial se refería a la necesidad de drenar los ríos que circundan la zona, como el Aguán, para que no se vuelvan destructivos, sino que fomenten el desarrollo con irrigación.

“Para eso hay proyectos impulsados por algunos diputados y apoyados por la Cámara de Comercio para mejorar la situación de nuestros conciudadanos”, concluyó.