09/05/2026
05:20 PM

'Siempre fui más allá de lo que me enseñaban”

Tras obtener medalla de bronce en Alemania y luego la de plata en Kazajstán, el genio de las matemáticas Juan Ramón Madrid se prepara para ir en busca del oro en Holanda.

Mientras los participantes de otros países portaban maletas lujosas y eran acompañados por compatriotas suyos, el hondureño Juan Ramón Madrid llegó solo y como un desconocido a Astaná, Kazajstán, con un maletín corriente, pero con la idea fija de volver con una medalla para su país.

Su padre había tenido que hipotecar un terreno en Trinidad, Santa Bárbara, donde viven, para que el mayor de sus hijos pudiera participar en aquellas Olimpiadas Internacionales de Matemáticas en las que el muchacho se alzó con la medalla de plata para Honduras tras competir con delegaciones de al menos 96 países.

Gracias a su talento innato para las ciencias exactas, el Pitágoras hondureño, como le dicen, también había obtenido en 2009, en Alemania, medalla de bronce en una competencia en la que participaron más de cien países. Ahora se encuentra sacando una maestría en el Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada, Inmpa, de Brazil, honor que se ganó con base en sus triunfos, aunque no ha cursado estudios universitarios.

Los estudios y la dedicación le valieron para dar ese salto académico sin tener la licenciatura.

Por ser el menor de los estudiantes, con solamente 17 años, sus maestros y compañeros de otros países le dicen “El Niño del Inmpa”, comenta su padre, quien le heredó su nombre y le enseñó el camino de la dedicación.

Los mejores maestros

En una entrevista con LA PRENSA por la vía telefónica, Juan Ramón se mostró “muy feliz y contento” por los triunfos y por haber obtenido el primer lugar en las Votaciones Estrellas 2010, patrocinadas por este rotativo.

Dio gracias a Dios, a sus padres y al Comité Nacional de Olimpiadas de Matemáticas, que lo introdujo en las competencias.
Recordó que cuando era alumno del tercer grado en la escuela Miguel ángel Bueso de Concepción del Norte manejaba al dedillo las tablas de multiplicar, restar y dividir, gracias a la disciplina que le inculcaban sus padres y a las enseñanzas de maestros como Roberto Morel.

En eso fue muy afortunado porque cuando la familia se trasladó a vivir a Trinidad, siendo estudiante del instituto Juan Lindo le tocó recibir clases de Matemáticas con el profesor Mario Paz Pascua, quien fue medallista de oro en esa materia en las olimpiadas organizadas por la Universidad Pedagógica Nacional, UPN.

En el colegio le pusieron por apodo Pitágoras, pero, lejos de molestarlo, tomó como un halago que lo compararan con el matemático griego de la antigüedad.

Por ser el mejor en matemáticas era normal que sus compañeros le solicitaran ayuda cuando no entendían e incluso algunos le sugerían que podían pagarle, pero él siempre les brindó auxilio sin ningún interés.

La clave para sobresalir en el campo de los números es que trataba de ir más allá de lo que le enseñaban en clase. “El álgebra es lo que más me atraía cuando estaba en el colegio, lo mismo que el análisis matemático”, dice.

El joven Madrid no ha sido amante de las diversiones ni del fútbol. Se apasionaba más bien por los juegos de mesa como el damero y el ajedrez, que se relacionan más con los cálculos, según dijo.

Las únicas celebraciones a las que asistía cuando era colegial eran los cumpleaños de sus compañeros, expresó.

Desmintió a un experto

Su padre recuerda que en una ocasión el muchacho fue en Tegucigalpa a una conferencia sobre matemáticas que impartía un coreano, pero resulta que el extranjero estaba equivocado en algunas de sus apreciaciones.

Juan Ramón, con mucho tacto, pidió intervenir para desarrollar algunos de los problemas expuestos por el disertante. De esa manera pudo poner al descubierto los desaciertos del coreano sin tener que dejarlo en ridículo ante el auditorio que no había detectado los equívocos.

Juan Ramón tuvo también la oportunidad de encontrarse en un evento en San Salvador con el científico hondureño Salvador Moncada. No se le olvida lo que aquel hombre de ciencia le dijo en esa oportunidad: “Cerebros hay en Europa como en América, con la diferencia de que en América se pierden por la ausencia de políticas de Estado y la falta de apoyo de los adultos”.

Cuando se fue al país euroasiático de Kazajstán, Juan Ramón llevaba la preocupación de que al regreso tenía que hacer una larga escala en Moscú y no sabía ni jota de ruso, pero su padre le dio una idea que resultó efectiva. Le dijo que antes de salir de Brasil le pidiera a alguien que supiera ruso que le hiciera pequeños rótulos con las frases más usuales en la comunicación de un viajero. Así, cuando tenía apetito, sacaba el letrero donde solicitaba comida o si quería trasladarse a otro lado mostraba el letrero pidiendo un taxi.

Aunque el joven salió sin visa para entrar en Rusia, la delegación de este país logró que se la tramitaran en forma relámpago por medio de su embajada en Kazajstán, luego de las olimpiadas.

Su padre guarda orgulloso un montón de medallas que el muchacho ha conquistado desde su niñez en eventos nacionales e internacionales.

Después de tantos triunfos, el reto del triniteco es obtener la medalla de oro, para seguir honrando al país y a su familia, cuando asista a las siguientes olimpiadas mundiales de matemáticas en julio próximo en Ámsterdam, Holanda.

Los Madrid: una familia de genios

“Mis hermanos también son buenos. El mayor, Óscar Hernán, estudia en México y ha sido llamado para que estudie en Alemania, Carlos Misael estudia aún en la escuela Sabatina de Matemáticas y mis otros dos hermanos menores van por la misma línea que nosotros”, dijo el joven Juan Ramón Madrid tras haber ganado medalla de plata en las olimpiadas de matemáticas en Kasajstán.

Su padre, del mismo nombre, no se cansa de manifestar que ha sido una bendición de Dios haber procreado hijos con tanto talento.

Manifestó que óscar Hernán, de 19 años, ganó una beca para estudiar en la Universidad de Guanajuato, México, después de obtener mención honorífica en las olimpiadas de matemáticas a nivel mundial en 2008 en Madrid, España. Honduras participaba por primera vez en un evento de esa naturaleza.

Carlos Misael, el menor de los varones, mantiene el cien por ciento en sus notas como alumno del instituto Juan Lindo de Trinidad, Santa Bárbara.

El menor, de 14 años, asiste todos los sábados al programa de la Universidad Pedagógica Nacional, UPN, para participar en las olimpiadas de matemáticas nacionales y mundiales. Mientras tanto, David Oseas va a primer grado y ya conoce todas las figuras geométricas y sabe sumar y restar.

La secaleche, Egny Alejandrina, todavía no se ha probado porque hasta este año va a preparatoria, dijo.