El jefe rebelde conocido como Marcos saludó ayer a miles de entusiastas partidarios en el sur de Palenque, una región selvática caracterizada por la violencia entre los rebeldes y grupos paramilitares.
Fue la segunda escala de una gira de seis meses anunciada como “La otra campaña” porque coincide con el semestre previo a las elecciones presidenciales de julio y se propone erigir un nuevo movimiento izquierdista a nivel nacional.
Dejando de lado la bicicleta motorizada en la que comenzó la gira -que lo llevará desde el estado de Chiapas, el más al sur de México, hasta la frontera con Estados Unidos-, Marcos llegó a Palenque con un convoy de diez vehículos que hacían ondear banderas blancas para evitar toda posible violencia.
En discursos durante los dos primeros días de la campaña, que comenzó el domingo en el pueblo zapatista de La Garrucha, los rebeldes hicieron reiteradas exhortaciones a la paz. “Nadie está excluido de “La otra campaña. Nosotros escuchamos a todos”, dijo Marcos en una reunión en San Cristóbal de las Casas, segunda parada de su periplo. Marcos ha dicho que los zapatistas no se postularán a cargos electivos ni se incorporarán al proceso político mexicano regular. Los analistas dicen que los zapatistas podrían chocar con sus enemigos paramilitares. Un grupo que se autotitula Paz y Justicia ha matado a 85 personas, en su mayoría simpatizantes zapatistas, y ha desplazado de sus tierras a tres mil personas en los últimos diez años, según el Centro Fray Bartolomé por los Derechos Humanos, en San Cristóbal.
Por la paz
Marcos también eliminó su título de “subcomandante” para pasar a llamarse “Delegado Cero” porque no desea tener más un título militar.