El reciente paso de la tormenta Agatha desnudó por enésima vez más la vulnerabilidad de las zonas bajas de El Progreso.
Al menos 500 familias residentes en el casco urbano tuvieron que ser evacuadas de las zonas afectadas a lugares seguros. Mientras tanto, en el costado sur del municipio, la comunidad de San José de la Tarrera quedó incomunicada, afectando a 28 familias.
Según el informe de la Comisión de Evaluación de Daños, Edan, cerca de 500 manzanas de cultivo fueron dañadas. Para el subteniente Julio Martínez, “la única solución de las inundaciones en los bajos de El Progreso es reubicar a las familias que allí residen, pero es muy difícil”.
María Leonora Fernández, vecina de la colonia Centroamericana, afirma que aunque tenga que sufrir las consecuencias de las inundaciones cada año, no abandonarían sus viviendas. “A pesar de los problemas ya le tenemos amor a nuestras casitas y por eso no queremos salirnos de aquí. Además, no hay otro lugar en que podamos vivir”.
Los representantes del Comité de Emergencia Municipal, Codem, no se atreven a hacer un análisis de la respuesta que se le dio a la población en la pasada emergencia.
“Con cualquier grado de preparación de un Codem es muy difícil enfrentarse a los embates de la naturaleza: cada día nos hace saber que el impacto de sus fenómenos es mucho mayor que cualquier acción del ser humano”, explica el coordinador del Codem, Elías Nazar. Marvin Perdomo, miembro de la Edan, asegura que mitigaron el impacto de Agatha “gracias al nivel de organización, pero se requiere que la población esté consciente de la importancia de una evacuación temprana”.
Explica que una respuesta inmediata depende mucho de la rapidez con que Copeco brinde la información y las políticas de Estado orientadas a solucionar el problema de raíz.
“A estas alturas ya no debemos estar tapando baches en los bordos, sino ejecutar macroproyectos que se conviertan en una verdadera solución. El Gobierno debe enfocarse en el Valle de Sula porque somos un sector productivo y más del 70% del Producto Interno Bruto circula aquí”.
Aguas estancadas, un grave riesgo para la salud
El problema para los habitantes de las zonas bajas de El Progreso no termina cuando desciende el nivel del río Ulúa, pues su salud es afectada después de las inundaciones.
Eleazar Manueles, miembro de la Unidad de Riesgos Sanitarios y Ambientales, Ursa, explica que uno de los mayores problemas es el estancamiento del agua, que luego se convierte en criadero de zancudos y ratones.
Sumado a esto, los niños que residen en estas zonas comienzan a padecer problemas en la piel porque los padres les permiten jugar con las aguas contaminadas.
“Es un serio problema en todas las inundaciones. Los padres deben prestar especial atención al respecto, porque los menores son los más afectados”.