Masaguara, Intibucá, Honduras
“Me despido no sin antes mencionar un versículo de la Biblia que dice ‘mucha paz tienen los que aman tu ley y no hay para ellos tropiezo’”. Seguido de esto, miles se pusieron de pie para aplaudirlo.
Luego de su magistral discurso en la escuela Normal Pedro Nufio, en Tegucigalpa, Ever Misael Rodríguez Montoya volvió a su salón de clases en la escuela bidocente Armando Vásquez, donde 64 menores del caserío de El Copantillo, en Masaguara, Intibucá, reciben el pan del saber.
Él es un niño de 11 años, tímido pero aplicado, cuya voz representó a más de 8 millones de hondureños el pasado martes 29 de octubre en el Consejo de Ministros donde se celebraban los 200 días de clases, hazaña que por primera vez en muchos años se completó en Honduras. Su discurso fue una herramienta de paz y reflexión que causó la admiración de todos, incluso del presidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa, que a mitad de la alocución inclinó la cabeza y la colocó entre las manos como evidencia de pena.
En el caserío donde nació y ha crecido, Ever es conocido por su sencillez y buen índice académico. En la escuela, sus compañeros lo respetan y le tienen un afecto contagioso. Todos los días a la hora del recreo arman su equipo y disfrutan de un buen partido de fútbol en el patio de tierra que sirve de cancha con los marcos hechos de palos de madera. Ever usualmente es el atacante y capitán del equipo. Sus padres le piden todos los días a Dios que le dé a su hijo salud y cuidado. Para miles de personas en Honduras es un personaje cuyo discurso les llegó al corazón, a tal punto de ser conocido en otros rincones del continente.
Su vida
La vida para el pequeño orador es más tranquila y sencilla de lo que muchos pueden pensar. A pesar de no contar con los recursos que hay en áreas urbanas y estar condenado a estudiar hasta noveno grado por las limitaciones educativas de la zona, es feliz con lo que tiene y no se preocupa por lo que pueda suceder en el camino.
Es un fiel hacedor de lo que predica porque la paz con que camina y desarrolla su día es evidente e incluso envidiable.
Se levanta antes de las 5:00 am para ir a la escuela. Su disciplina es ejemplar. En el sexto grado es uno de los mejores, con un índice académico de 98%. Su éxito como orador viene de su trabajo con el profesor de su grado, Joctán Cabrera.
“Es un niño muy aplicado, con gran retentiva. Aunque no es muy intelectual, aprende muy rápido y se entretiene mucho con lo que hace”, describe el docente. Este mismo año, Ever ganó el concurso nacional de oratoria en Comayagua. Con el mismo entusiasmo de su discurso El valor de la paz, un derecho de todos, se alzó con el primer lugar, que le dio méritos para ser invitado a una de las celebraciones más justas en el Gobierno.
Paradójicamente, aunque tenga habilidad con la palabra en público, es un muchacho tímido. Como buen intibucano, sonríe con sinceridad y con mucho respeto se dirige a los demás, pero habla solamente cuando es necesario. Eso sí: es muy obediente. Pero en vez de hablar mucho o entablar una conversación, prefiere aprovechar el tiempo para jugar y tomar su merienda con Orlando, Arnold y Maynor, sus mejores amigos en la escuela.
“Estoy muy contento porque les gustó mi discurso, me lo aprendí con mi profesor”, comentó el pequeño, sentado en una de las banquitas de madera de su centro educativo. Nos confesó lo que le dijeron los políticos después de su discurso.
“Todos me felicitaron y me dieron la mano. Solo el presidente Lobo me prometió ayudarme con un dinero para estudiar más adelante”, narró entre risas.
El talentoso menor es el sexto de los siete hijos de Isidro Rodríguez y María Montoya, quienes han logrado sacarlos adelante con la agricultura. Las ganancias que obtienen de la venta de café y maíz apenan les permiten poner en la escuela a sus hijos y tener para arar la tierra y comer. Cuando los menores terminan noveno grado deciden ayudar a su papá con el cultivo. Esta historia se repite en casi todas las 79 familias que habitan El Copantillo. “Estamos sorprendidos con Ever Misael. No nos imaginamos que podía hacer eso porque ninguno de sus hermanos tuvo esa habilidad. No podemos exigirle más en sus estudios hasta noveno grado porque no tenemos cómo pagarles estudios en La Esperanza”, confesó su padre, que también es muy amable y callado.
Más de cuatro kilómetros camina Ever para estudiar, pues su casa queda a dos kilómetros de la escuela. Para él, esto no representa mayor problema, pues lo hace desde muy pequeño. En su vivienda de adobe y piso de cemento, con excepción de la cocina, “para que no se quiebren los platos”, viven nueve personas que atienden con hospitalidad a quienes los visitan. Nunca falta el café de palo. Su patio es un terreno vertical, muy fresco. La temperatura usual en la zona es de 15 grados, que permite que sus cultivos y su jardín luzcan hermosos todos los días. “Mi hijo es bien portado. Espero que en la escuela también. Aquí tenemos reuniones familiares para leer la Biblia y él se ha criado en ese ambiente”, dice orgullosa su madre.
Su sueño
“Dije ese discurso porque escucho cómo sufren en mi país con la violencia y la inseguridad. Es necesario que eso se elimine pronto”, nos contó.
Puede repetir mil veces el mismo discurso. Incluso lo dijo exclusivamente para nosotros y sus compañeros, dejándonos sin palabra. Pero más que eso, el simpático Misael es consciente de cada palabra que dijo.
“Lo practiqué con mi maestro en el aula y también en mi casa. Me tardé unas semanas en aprenderlo”.
Su destreza con las matemáticas, su clase favorita, también lo hace destacarse. Supera cualquier ejercicio que el profesor Cabrera le pone de tarea. Las ciencias naturales lo ponen a imaginar. Un niño con esas cualidades sería un gran representante del país si contara con suficiente apoyo económico y está dispuesto a ser ayudado por cualquier samaritano.
¿Qué quieres ser cuando seas grande?, le preguntamos. Durante todo el tiempo compartido con él, nunca nos dio la respuesta, pues lo meditaba con paciencia. Al despedirnos volvimos a consultarle y solo dijo “lo estoy pensando por ahora. Espero que mi país pueda vivir en paz”.