La estatua, en la que aparece Zelaya con una mano alzada, fue tallada por el mismo autor de las esculturas de los próceres de la Independencia que se encuentran en el jardín del palacio presidencial.
Según el periodista Rodney Moncada, asesor de prensa del Gobierno, al parecer el depuesto Presidente pretendía unirse a la alegoría de los independentistas hondureños del siglo 21, colocando su estatua en medio de las del general José Trinidad Cabañas y de Francisco Morazán, y atrás de las de Dionisio de Herrera y José Cecilio del Valle, que aparecen sentados en una banca.
Sobre esta inusual actitud de un gobernante, el siquiatra Javier Uclés comentó que deja en evidencia que Zelaya padece de megalomanía, una enfermedad que se define en psiquiatría como la “sobreestimación delirante de las propias capacidades; delirio de grandeza; convicción irracional de la propia riqueza, fama o poder”.
El analista político Raúl Pineda considera que este tipo de simbología es característico de los dictadores. Saddam Hussein se mandó a erigir una estatua gigantesca.
Según Pineda Alvarado, el ex presidente Zelaya “refleja un trastorno de personalidad conocido como megalomanía, que determina esa creencia de considerarse excepcionalmente importante y con derecho a gobernar no sólo en el entorno inmediato, sino que a perpetuidad”. Pineda Alvarado comentó que Zelaya necesita con desesperación una ayuda siquiátrica.
Los voceros de Casa de Gobierno informaron también que Zelaya tenía presupuestado 3.5 millones de dólares para construir frente al Palacio de Gobierno la plaza La Libertad, en la que estarían colocados los bustos de los demás presidentes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América, Alba, además del suyo.