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Los secretos de Tegucigalpa

  • Actualizado: 07 marzo 2009 /

Llegué a Tegucigalpa hace más de veinte años. Y como todo costeño que arriba a la capital, me prometí que no estaría más de un par de años allí.

Llegué a Tegucigalpa hace más de veinte años. Y como todo costeño que arriba a la capital, me prometí que no estaría más de un par de años allí. Bien, 'cae más rápido un hablador que un cojo', dice el refrán, y yo soy prueba de ello.

Con el tiempo, dejé de renegar y comencé a 'ver' realmente a la ciudad. Descubrí que fuera de las calles angostas y los trajes completos que a veces se deben utilizar, Tegucigalpa poseía sitios y escenarios realmente trascendentes.

Tesoros que no existían en otras ciudades y que brindaban nuevas oportunidades de conocerla mejor.

Por ejemplo, el Jardín Zoológico Metropolitano lleva el nombre de la dama que lo cuidó durante muchos años, invirtiendo tiempo, dinero y sobre todo amor: Rossie Walter.

Ubicado en el cerro El Picacho, la instalación nos brinda oportunidades de conocer muchos de los animales de nuestra fauna y de otras latitudes.

A precios realmente accesibles, el zoológico es visita obligada de muchísimas escuelas, colegios y universidades que aprovechan la presencia de un aula viva de ciencias naturales.

Otro sitio interesante por descubrir es la Escuela de Bellas Artes. Fundada por el Dr. Tiburcio Carías Andino, es el centro primario nacional en la formación de profesionales de la plástica.

Su primer director fue el consagrado artista Arturo López Rodezno, que pintó los primeros murales que se hicieron en Honduras.

Los murales siguen en pie y son motivo para visitar el sitio, no sólo por su valor histórico, sino por su depurada técnica y gusto.

Los estilos arquitectónicos de la ciudad presentan un profundo contraste que añade dramatismo al escenario. Como toda ciudad colonial, edificaciones monumentales como la iglesia Los Dolores (más antigua que la misma catedral) provienen de una época cuando la zona era barrio de negros libertos, deseosos de tener su propio santuario, distinto al de los ricos criollos.

Las calles angostas, las subidas y bajadas, los balcones coloniales que dan a la calle, son ejemplos de una rica arquitectura colonial que no poseen la mayoría de las ciudades costeñas.

Y contrasta con el modernismo, el estilo que llegó a mediados del XX y creó estructuras como el Palacio Legislativo, el Hotel Honduras Maya o el Hospital Escuela. Para todo conocedor, estos edificios no son 'cosas del pasado' que deben botarse; al contrario, son la rica herencia que debemos preservar.

Las fotografías de hoy son ejemplos de estas oportunidades. Es un buen momento para compartirlas. Porque como buen 'expatriado' sampedrano, debo reconocer que Tegucigalpa tiene lo suyo.

Dato

Ubicación Está al pie del cerro El Picacho, a 1,240 metros sobre el nivel del mar en una cuenca formada por el río Grande o Choluteca.