La reelección, el domingo, de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil no sentó bien a los mercados. La bolsa de Sao Paulo sufrió una caída del 2.77%, mientras que el real retrocedió un 2.58%. La divisa tocó fondo registrando su peor nivel desde 2005.
Especialmente significativo fue el hundimiento de la primera compañía del país, la petrolera Petrobras, cuyas acciones cayeron más del 10%.
“Hay una decepción total. La caída de la bolsa llegó a ser de 6% en la apertura, lo que refleja muy claramente el ánimo tras el resultado de la elección”, comentó Alex Agostini, economista jefe de la calificadora de riesgo brasileña Austin Rating.
Reclaman cambios.
La economía brasileña se encuentra en recesión técnica tras años de crecimiento superlativo. Los especialistas lo achacan a la política del Partido de los Trabajadores (PT), intervencionista en exceso según los cánones liberales. Agostini considera que la victoria de Rousseff significará “más de lo mismo” para los próximos cuatro años.
Varias voces del PT ya se aprestaron a anunciar un cambio de rumbo. El ministro de la Secretaría de la Presidencia, Gilberto Carvalho, aseguró que “a la Presidenta no le faltará coraje para cambiar todo lo que deba ser cambiado”.
La mandataria ya anunció la sustitución del ministro de Hacienda, Guido Mantega. La elección del nuevo responsable será clave para medir las intenciones reales del PT. El analista Thiago de Aragao considera “clarísimo” que el nuevo ministro será más liberal que Mantega. En declaraciones a Diario La Prensa asegura que “ya contactaron con Henrique Meirelles, expresidente global del City Bank, pero este rechazó”.
Pragmatismo ideológico.
El analista considera exagerada la insistencia de la prensa extranjera en dibujar un país dividido e incluso fracturado tras la victoria “dramática” del PT. “No somos un país distinto”, asegura. De hecho, augura que el mayor reto de Rousseff, ahora, es “recuperar la confianza de su propio partido y aliados”.
El apoyo de los empobrecidos estados del nordeste fue clave en la victoria de Rousseff.
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Un “minoritario pero influyente” sector del PT ya expresó sus dudas sobre el liderazgo de la Presidenta a principios de año y uno de sus principales aliados, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) también se ha alejado de la exguerrillera. Esta posición de debilidad y la presión de los mercados empujarían a la gobernante a acercarse a postulados defendidos por su contrincante Aécio Neves.
De Aragao recuerda que en las coaliciones que respaldaban a Rousseff y a Neves había partidos de derecha, izquierda y centro y carga nuevamente contra la visión que da la prensa extranjera en su país: “la visión externa de Brasil como un país donde importa la ideología es errónea. Mantener el poder es más importante que mantener una postura”.