10/05/2026
08:47 AM

'Lo único que queremos es regresar a Honduras'

Suyapa Agüero, detenida en México, le hizo el vehemente llamado al canciller Canahuati.

    Los reclusos hondureños del Centro Estatal de Reclusión San Luis de Potosí, al norte de México, estaban más que emocionados. A la hora puntual, unos once hondureños recibieron al canciller Mario Canahuati, que estrechó sus manos y conmocionó a los presentes por el solo hecho de que, por primera vez en la historia, un funcionario de su categoría los visitó.

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    En la cárcel conocida también como el cereso La Pila, a pocos minutos de la comunidad Delegación La Pila, los hermanos Diógenes y José Antonio, originarios de Nacaome, Valle, recibieron emocionados al canciller, a quien le relataron su drama: una condena de diez años en esa prisión estatal.

    “Ya tenemos una sentencia de diez años. Mis papás se han estado presentando en la Cancillería porque no nos valieron nuestros derechos; no tuvimos la ayuda del cónsul. Fuimos condenados a diez años”, manifestó Diógenes, mientras su hermano José Antonio lloraba sin parar al escuchar a su hermano repetir la dura realidad.

    “Soy inocente”

    A pesar de que ya fue condenado a diez años, de los cuales apenas lleva cumplidos uno y seis meses, Diógenes relató al canciller que lo acusaron por tráfico de indocumentados, lo que en fáciles palabras significa que presuntamente llevaba ilegalmente personas desde su lugar de origen a Estados Unidos. Allá los llaman “polleros”.

    “Estamos bien, pero le pedimos que nos ayude a tramitar nuestro traslado a Honduras. Ya estamos condenados. Vamos a apelar, pero nunca tuve asistencia del consulado. Llamaba y llamaba y nunca me ayudaron. Ellos tenían que participar en mi juicio, pero no fue así”, le contó Diógenes al canciller. Según el relato de los hermanos, ambos vivieron mucho tiempo en Estados Unidos. De vez en cuando regresaban a Nacaome y en una ocasión unos familiares decidieron irse “mojados” con ellos y los detuvieron en San Luis Potosí. Los hondureños están acusados de tráfico de indocumentados.

    Mujeres en Iztapalapa

    De regreso en Ciudad de México, el canciller fue recibido en la Delegación Migratoria de Iztapalapa.

    Un grupo de mujeres hondureñas conversó con el funcionario hondureño y todas de nuevo concordaron que necesitan documentos.


    Ahí conocimos a Lucía Pineda, una joven hondureña originaria de Villanueva, Cortés, que dejó el país porque fue ultrajada y amenazada. El camino lo hizo con sus dos hijos y fue detenida cerca del DF, aunque ella argumenta que iba a Laredo, donde su patrona y que está a punto de salir de estación migratoria.

    “Canciller, ayúdeme a no regresar a Honduras. Se lo ruego por amor de Dios. No puedo regresar porque allá me maltrataron, me violaron y me amenazaron. Fue un marero. Me dijeron que si los denunciaba, me matarían y a mi hijo también. No puedo regresar a Honduras”, expresó Lucía, que lloraba sin parar. Otras catrachas recluidas temporalmente en Iztapalapa son Suyapa Agüero y Sonia Benítez, madre e hija, originarias de El Progreso, Yoro.

    “Íbamos en bus y nos agarraron. Aquí nos tratan muy bien, pero nuestro sueño era llegar a Nueva Jersey para trabajar. Ahora lo único que queremos es regresar a Honduras porque esto es una pesadilla. Tengo dos hijos en Arizona, Atlántida y por LA PRENSA quiero que sepan que estoy bien y que voy a regresar pronto para no volverme a separar de ellos”, lamentó Suyapa, detenida en una estación migratoria en México con su hija y una sobrina.

    Agradecen visitas

    Después de visitar a las mujeres, con una impresionante accesibilidad, las autoridades de la estación migratoria de Iztapalapa dejaron que el canciller Canahuati conversara con los hondureños detenidos y hasta jugaron un partido de voleibol juntos.

    Los únicos medios que pudieron entrar en el módulo de los detenidos fueron los escritos. Alrededor de 40 hondureños rodearon al canciller para agradecerle la visita y que se preocupe por ellos.

    “Gracias, Canahuati, por venir. Necesitamos que nos ayude a tramitar los documentos para salir de aquí. Lo único que queremos es regresar a Honduras, aunque no haya trabajo, pero aquí en México la situación esta fea”, le dijo un hondureño al canciller. Al fondo del centro de detención, en una silla de ruedas, enyesado y decaído, conocimos a Marlon Ernesto Fúnez, de 31 años, que sufrió los vejámenes de la delincuencia en el norte de México. “Fui golpeado con bate de béisbol en las piernas, pero gracias a Dios estoy vivo. Soy de La Paz y ahora lo único que quiero es irme a Honduras”, agregó Marlon, que llevaba doce días recluido cuando fue visitado.

    Las visitas del canciller a centros de detención de máxima seguridad, casas de migrantes y centros de rehabilitación sirvieron para que in situ conociera la situación de los hondureños al recorrer México, ya que nunca en la historia del país un funcionario había visitado a los compatriotas en malas condiciones.