08/04/2026
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Las hermanas Salandía

Jorge Montenegro presenta: Las hermanas Salandía en sus cuentos.

    Hay muchas historias de misterio y terror en nuestro país, como la que sucedió en la Santa Iglesia de Tegucigalpa en 1948. La Banda de los Supremos Poderes se instalaba en el atrio de la catedral para ejecutar música clásica.

    Vea:Especial de Cuentos y Leyendas de Honduras

    En ese año se acostumbraba el paseo de las tardes por el parque central donde fue colocada la estatua del general Francisco Morazán como un homenaje de la patria que lo vio nacer.

    Llegaban hombres y mujeres que nunca se juntaban. La costumbre era muy severa, ellos caminaban por la derecha y las mujeres por la izquierda en aquel paseo formando un círculo, bajo la vigilancia de los padres de las muchachas. Entre ellas destacaban por su belleza las hermanas Salandía.

    En aquel desfile de muchachas y muchachos no había piropos ni palabras de amor en voz alta, se escuchaban algunos cuchicheos y en una pasadita se intercambiaban papelitos o románticas cartas de amor. Así eran las costumbres de antes.

    Cabe mencionar que las bellas hermanas eran muy católicas, desde niñas asistían con sus padres a los oficios religiosos de la catedral. A pesar de su hermosura los hombres les tenían mucho respeto y quizás más de algún atrevido les soltaba una frase de amor que las hacía sonreír complacidas.

    En la calle no se sabe qué clase de enemigos gratuitos vigilan los pasos de algunas personas y ése fue el caso de las hermanas Salandía. Hubo dos hombres perdidamente enamorados de ellas que jamás dieron la cara al público, era un gran secreto entre ellos. Cuando iban a la iglesia a la misa del domingo se colocaban en sitios estratégicos para poder contemplar la belleza de las dos mujeres, pero jamás se les vio malicia alguna.

    -Mira Rodolfo, si esas mujeres no son de nosotros, las vamos a perder. -Eso nunca, José. -Pero es que ni siquiera les hemos hablado, ellas no saben que las amamos terriblemente. -Eso no importa, nadie nos va a quitar a las hermanas Salandía.
    -Claro que sí, de repente se les pueden presentar otros hombres que conquistarán sus corazones y nosotros nos vamos a quedar burlados como dos imbéciles.

    -Hay muchas cosas que se pueden hacer para que ellas nos conozcan y terminen amándonos.

    -Ni en sueños, amigo, ni en sueños.

    -Yo tengo un plan, no en balde las he seguido durante mucho tiempo. Sé a dónde van y a qué hora salen de su casa.

    - ¿Y de qué nos sirve tener esa información?

    -Ya veo que no tienes cerebro, claro que nos servirá de mucho.
    -¿Para qué?

    -Para secuestrarlas, je, je, je, je, je. Aquel perverso hombre llamado José había estado planeando durante algún tiempo la forma de secuestrar a las hermanas Salandía, explicó todo a su compinche y poco a poco fueron vigilándolas.

    Ellas vivían en la primera avenida de Comayagüela y tenían por costumbre ir de paseo por la orilla del río Grande o Choluteca, que en ese tiempo no estaba contaminado, sus aguas eran transparentes y crecía junto a la orilla una hermosa grama. Muy cerca del puente Mayol había una vieja casa abandonada que permanecía cerrada, sus puertas llenas de tela de araña daban la impresión de esconder un secreto macabro en el interior.

    -Ya sabes José, le pones esa toalla en la cabeza y le tapas la boca, yo me llevo a la otra y las metemos en la casa abandonada. Acordate que aquí casi no pasa gente.

    -Estoy listo.

    -Allá vienen, escondámonos, tirate al suelo que el monte está crecido y no nos van a ver, eso sí, cuando se acerquen saltamos como felinos y las atrapamos.

    -Muy bien, al suelo antes de que nos vean.

    Muy confiadas, las hermanas Salandía comenzaron a caminar sobre la grama para colocarse en la parte baja del puente Mayol, cuando repentinamente, de la nada, aparecieron aquellos dos hombres que las sometieron por la fuerza sin darles tiempo de gritar. Con rapidez las metieron a la casa y cerraron la puerta.

    -No la dejes gritar, José, amarrale el pañuelo en la boca.

    -De nada sirve porque está desmayada.

    -Bueno, ahí que se quede en el suelo, ayudame con esta que está pataleando mucho.

    Pero ocurrió algo inesperado: descubrieron que aquella muchacha no estaba desmayada, sino que había muerto de un ataque al corazón.

    -¿Y ahora qué hacemos?
    -Matemos a ésta porque ya nos conoció.

    A golpes asesinaron a la pobre muchacha y las dos hermanas quedaron muertas en el interior de aquella vieja casa abandonada. Sus cuerpos fueron encontrados por un vendedor de leña que dio aviso a la Policía Nacional. Pasó el tiempo y la tragedia se fue olvidando.

    José y Rodolfo siempre iban a la iglesia a ver a mujeres bonitas y aquel domingo, cuando se colocaron en sitios estratégicos para buscar rostros atractivos en la iglesia, ¡ahí estaban las hermanas Salandía!
    Quedaron petrificados sin poder moverse e impulsados por una fuerza extraña comenzaron a declarar su crimen hasta que llegó la Policía y se los llevó. Después de aquel extraño suceso muchos feligreses aseguran que por las noches las puertas de la iglesia se abren y con sus rosarios en las manos entran las hermanaa Salandía.