02/05/2026
08:52 PM

La quebrada encantada

La quebrada El Perico debería llamarse El Encanto, por los misterios que se le atribuyen, dicen los vecinos.

Sus aguas descienden entre peñascos desde el cerro Las Ventanas donde nace, escapándose a veces por unas cuevas naturales que se han formado en sus orillas.

La quebrada El Perico debería llamarse El Encanto, por los misterios que se le atribuyen, dicen los vecinos.

Sus aguas descienden entre peñascos desde el cerro Las Ventanas donde nace, escapándose a veces por unas cuevas naturales que se han formado en sus orillas.

Frente a la aldea El Perico parece detenerse para brindar sus aguas seductoras a los vecinos, pero realmente sigue su curso hasta desembocar en el río Ulúa.

Cuando los pobladores querían verla crecida, hacían ruido con piedras o con gritos y a los momentos bajaban las correntadas, dice el dirigente comunal Pastor Carabantes, quien ha vivido toda la vida en El Perico.

Se cree que el eco rompía algunos diques naturales que se formaban aguas arriba, liberando el agua estancada, pero los vecinos consideran que es un misterio que ellos no han podido descifrar.

Saltando piedras y bordeando sus riveras se puede llegar hasta donde está “la cueva de los canechos”, “la casa del león” y una enorme roca conocida como “la nariz de la vaca” por sus dos enormes oquedades que parecen fosas nasales de animal.

A la altura de la cueva de los canechos se forma una poza quieta que deja escapar sus aguas por esa cavidad para formar una especie de quebrada subterránea.

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Allí no solamente crecen los cangrejos, sino también unos caracolitos silvestres de color negrusco, conocidos como jutes, que los pobladores suelen recoger para prepararlos en sopa.

Hay que llevar una linterna con un cargador de energía, para poder descender por la cavidad y ver la corriente de agua, la cual va a salir más adelante, para unirse nuevamente a la quebrada.

La “casa del león” es una cueva en la que vivía una leona parida cuyo macho fue muerto por los vecinos, dice Carabantes quien asegura haber sido testigo de aquella cacería en sus años mozos.

Las fieras desaparecieron como muchos de los animales de la floresta.

Hasta las guatuzas que vivían comiendo los corozos se han escaseado, pero la vegetación sigue estando tupida, dice Carabantes.

Sólo el canto agudo de los chiquirines acompaña a los pocos visitantes que llegan en busca de aventura a este atractivo natural de las montañas de Villanueva.

Hay quienes se atreven a llegar hasta la cúspide del cerro Las ventanas, conocido así porque en el mismo se encuentran unas fabulosas cuevas pobladas de murciélagos que, según dicen, no tienen fin.

Guía

Pastor Carabantes muestra una de las grietas que acumulan aguas de la quebrada.

Paraje

Los vecinos de la aldea El Perico, arriba del balneario El Ocote, tienen en la quebrada el mejor aliado en la temporada de calor.

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Atractivos

Los vecinos relatan que antes subía el caudal de sus aguas oscuras cuando hacían ruido aguas abajo. Entre sus curiosidades están varias cavidades rocosas en sus orillas, donde se crían los cangrejos y los caracolitos silvestres que los pobladores cocinan con hojas de juniapa, un arbusto herbáceo que también es muy común en las riveras del arroyo.

La quebrada baja silenciosa formando pozas, entre una vegetación espesa. Pasa como saludando a la aldea El Perico y luego desemboca en el cercano río Ulúa. Los desastres naturales no han logrado destruir todos los encantos que tiene esta fuente natural, localizada en el sector sur oeste de la comunidad de Villanueva, en el departamento de Cortés.