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La puerta al cielo

  • Actualizado: 20 marzo 2010 /

Enclavada en la Sierra de Nombre de Dios y con el Mar Caribe como norte, La Ceiba creció bajo la sombra de un ahora mítico Ceiba petandra, el árbol sagrado de los antiguos mayas.

Enclavada en la Sierra de Nombre de Dios y con el Mar Caribe como norte, La Ceiba creció bajo la sombra de un ahora mítico Ceiba petandra, el árbol sagrado de los antiguos mayas. De ahí su nombre y la frondosa forma de ser de los ceibeños.

La ciudad creció bajo el impulso comercial de las bananeras; barcos, trenes, comidas, vestimentas y arquitectura fueron calando en sus habitantes y sus entornos. Con el tiempo, otros rubros económicos se fueron agregando y la ciudad comenzó a extenderse.

Hoy es la tercera ciudad en importancia del país y sin lugar a dudas, la capital turística.

Sus numerosos atractivos naturales se suman a la cercanía y facilidades de transporte con otros destinos preferidos por los visitantes: Cayos Cochinos, Utila, Roatán, Guanaja, Cuero y Salado y la Mosquitia.

La Ceiba brinda lo que ninguna otra ciudad de Honduras puede ofrecer: un exuberante y realmente virgen bosque tropical lluvioso, fríos bosques nublados, un parque marino adornado con el más bello arrecife coralino; un verde río esmeralda tan turbulento como el rafting que se practica en él; canopy, aguas termales, cultura viva y sobre todo, una población siempre abierta al baile y la alegría.

Para empezar a disfrutarla, yo le recomiendo hacer el recorrido del canopy y un baño en las aguas termales de Glenda´s Paradise, muy cerca de Sambo Creek y a orillas de la carretera. Recorrer el bosque desde las alturas y a velocidades de vértigo es una experiencia más que excitante. Si le añade que puede relajarse en tranquilas y muy seguras pozas de aguas termales, el viaje se vuelve más que valioso. Sin lugar a dudas, éste es uno de los destinos más excitantes de toda Honduras y vale la pena ir.

Por otro lado, no visitar el refugio de vida silvestre de Cuero y Salado a escasos 33 kilómetros de la ciudad, es perder la oportunidad de ver animales salvajes en su entorno natural, sin cercas ni letreros. Además, recorrer el entramado de canales que unen a los dos ríos y sus barras, es una verdadera curita para los sinsabores del alma.

Si usted viene de Tela, el refugio está unos quince minutos antes de llegar a la ciudad. Del lado izquierdo, está la aldea de La Unión; tome el desvío hacia ella y en pocos kilómetros llegará a la estación de “la burra”; un tren motocarro que lo conducirá en media hora a la barra de Salado, entrada oficial al área protegida. Allí deberá pagar una cuota de entrada y el boleto para tomar el tour en lancha. Una vez adentro, no se querrá regresar jamás; se lo garantizo (más información en los teléfonos de FUCASA: 443-03 29 y 440-1990 o en su página web: www.fucsa.org)

La Ceiba tiene mucho que ofrecer; necesitaríamos muchísimas páginas para tratar de describirla. Pero lo mejor es que usted vaya, querido amigo, y descubra por qué la ciudad siempre sera “La Novia de Honduras” y una puerta al cielo...