Enclavada en la Sierra de Nombre de Dios y con el Mar Caribe como norte, La Ceiba creció bajo la sombra de un ahora mítico Ceiba petandra, el árbol sagrado de los antiguos mayas. De ahí su nombre y la frondosa forma de ser de los ceibeños.
La ciudad creció bajo el impulso comercial de las bananeras; barcos, trenes, comidas, vestimentas y arquitectura fueron calando en sus habitantes y sus entornos. Con el tiempo, otros rubros económicos se fueron agregando y la ciudad comenzó a extenderse.
Hoy es la tercera ciudad en importancia del país y sin lugar a dudas, la capital turística.
Sus numerosos atractivos naturales se suman a la cercanía y facilidades de transporte con otros destinos preferidos por los visitantes: Cayos Cochinos, Utila, Roatán, Guanaja, Cuero y Salado y la Mosquitia.
La Ceiba brinda lo que ninguna otra ciudad de Honduras puede ofrecer: un exuberante y realmente virgen bosque tropical lluvioso, fríos bosques nublados, un parque marino adornado con el más bello arrecife coralino; un verde río esmeralda tan turbulento como el rafting que se practica en él; canopy, aguas termales, cultura viva y sobre todo, una población siempre abierta al baile y la alegría.
Para empezar a disfrutarla, yo le recomiendo hacer el recorrido del canopy y un baño en las aguas termales de Glenda´s Paradise, muy cerca de Sambo Creek y a orillas de la carretera. Recorrer el bosque desde las alturas y a velocidades de vértigo es una experiencia más que excitante. Si le añade que puede relajarse en tranquilas y muy seguras pozas de aguas termales, el viaje se vuelve más que valioso. Sin lugar a dudas, éste es uno de los destinos más excitantes de toda Honduras y vale la pena ir.
Por otro lado, no visitar el refugio de vida silvestre de Cuero y Salado a escasos 33 kilómetros de la ciudad, es perder la oportunidad de ver animales salvajes en su entorno natural, sin cercas ni letreros. Además, recorrer el entramado de canales que unen a los dos ríos y sus barras, es una verdadera curita para los sinsabores del alma.
Si usted viene de Tela, el refugio está unos quince minutos antes de llegar a la ciudad. Del lado izquierdo, está la aldea de La Unión; tome el desvío hacia ella y en pocos kilómetros llegará a la estación de “la burra”; un tren motocarro que lo conducirá en media hora a la barra de Salado, entrada oficial al área protegida. Allí deberá pagar una cuota de entrada y el boleto para tomar el tour en lancha. Una vez adentro, no se querrá regresar jamás; se lo garantizo (más información en los teléfonos de FUCASA: 443-03 29 y 440-1990 o en su página web: www.fucsa.org)
La Ceiba tiene mucho que ofrecer; necesitaríamos muchísimas páginas para tratar de describirla. Pero lo mejor es que usted vaya, querido amigo, y descubra por qué la ciudad siempre sera “La Novia de Honduras” y una puerta al cielo...