¿Y habías estado en algo así? 'No hay nada como esto, tío'. La respuesta de la periodista española Ruth Suárez, del diario Metro, reflejan con simpleza lo vivido hace dos días en esta ciudad. 'Y es que no ha habido nada como esto porque es histórico', complementa el mexicano Luis Soto, del diario El Norte, de Monterrey.
Ni siquiera un título de los Chicago Bulls -Los Toros de Chicago, el mítico equipo de baloncesto del innolvidable Michael Jordan, iguala la efervescencia vivida durante la celebración del triunfo de Barack Obama en el Grant Park de Chicago.
Cada publicación de los resultados a favor de Obama en la histórica votación del martes era celebrada con más gusto que las cestas de Jordan. Cada resultado agitaba a las cien mil personas reunidas en el parque adonde las imágenes de la reunión republicana, derrotada ayer, causaban esa sonrisa de triunfo que sólo Jordan había producido con sus jugadas de desequilibrio y su lanzamiento exacto de la pelota.
Y Ruth tenía razón. Contar la cantidad de medios reunidos en el Grant Park no era fácil. 1,500 periodistas extranjeros acreditados y una cantidad similar de reporteros nacionales empezaron su labor desde temprano, dando seguimiento a las votaciones, los análisis y a las consultas con especialistas y las comparaciones estadísticas.
Los comunicadores siguieron en el Grant Park donde cruzaron varios controles de seguridad y luego, tras pasar por una pequeña venta de recuerdos de Obama -cuyos fondos serán para cubrir los casi mil millones que costó la campaña- llegaron a las diferentes estancias preparadas para ellos.
Obviamente los mejores lugares fueron para las grandes cadenas de EUA, pero gracias a la colaboración de la embajada de EUA en Honduras y del Departamento de Estado, LA PRENSA fue el único medio de comunicación hondureño en vivir la fiesta en el hogar de Obama: Chicago.
Al igual que los periodistas, los seguidores demócratas llegaron temprano, esperando festejar junto a su líder afroamericano cada paso hacia la Casa Blanca.
El presagio de una celebraciónlo colocaba la llegada del famoso ícono Oprah Winfrey, quien estuvo acompañada por pocos guardias y atendió amablemente las preguntas que los periodistas le hicieron.
Euforia y victoria
El grito de 'Obama, Obama, Obama' fue mayor cuando se supo que había ganado Virginia por 51 a 49 por ciento y por lo tanto se convertía en el nuevo presidente de los Estados Unidos. La euforia creció cuando el republicano John McCain reconoció su derrota con los ojos al borde de las lágrimas, pero con la mayor altura e hidalguía. Pidió calma y unidad a los estadounidenses, agradeció el apoyo de la gobernadora por Alaska, Sarah Palin. Luego vino el Juramento a la Bandera, el Himno Nacional, un video sobre los sueños y perspectivas de los estadounidenses, y un par de canciones para balancear el sonido de los parlantes instalados en todo el foro del evento.
Entonces, Obama puso la nota más alta de la noche con su presencia y mensaje victorioso. El ganador no defraudó en la celebración que hizo olvidar el frío de inicio de invierno en esta ciudad. El nuevo presidente de EUA llegó a las 11.00 de la noche al escenario dispuesto en el corazón del Grant Park y adornado con banderas de EUA adonde miles de gargantas coreaban su nombre.
Entró con su esposa Michelle y sus hijas Sasha y Malia, con quienes recibió un caluroso aplauso antes de quedar solo en la tarima y empezar su mensaje reafirmando sus promesas. 'Nunca olvidaré hacia dónde lleva todo esto...lleva hacia ustedes'.
También recordó a su abuela que falleció un día antes de su victoria, reconoció el trabajo de McCain y Palin en la campaña, halagó a su vicepresidente Joe Biden y reconoció la importancia de su esposa como 'la próxima primera dama' y de su familia. También habló de economía, de restablecer el alicaído sistema estadounidense y realizar inversión social, no sin pedir un sacrificio a su pueblo de quien dijo: 'Esta victoria es de ustedes'.
La celebración de Obama se extendió de Chicago a todo el norte del país, siguió al resto de la nación y obviamente a la capital, Washington; y de ahí, al resto del mundo.