Frente a un cubículo de la emergencia del Ihss (Instituto Hondureño de Seguridad Social) encontramos a Karen Chacón, sentada en una silla de la última fila de cuatro líneas. Con sus manos se agarraba la cara y se mecía una y otra vez, tratando inconscientemente con esa acción de aliviar un poco el dolor y los temblores que apresaban su cuerpo: producto de la fiebre.
Esa escena se ha vuelto más que normal en la emergencia. Los pacientes se ven obligados a esperar largas jornadas, para ser evaluados por los médicos. Los rostros de desesperación y de sufrimiento se agudizan a medida avanza el tiempo...los minutos ahí se vuelven eternos.
Chacón llevaba tapada la boca con una mascarilla, pues la joven de atención al cliente le habían dicho que podía tener dengue, ese diagnóstico empírico era el único que había recibido, pues llevaba tres horas esperando que un doctor la revisará.
Con vos quebrantada contó que llegó a la emergencia a las seis de la mañana y después de una hora sentada ahí, la muchacha de atención al cliente la mando al área de Consulta Externa, para que la viera un internista.“Cuando llegué allá tuve que hacer fila por más de cuarenta minutos, había como 30 personas sacando número. La mujer que estaba apuntando los datos de cada paciente se ponía a platicar y por eso la cola no avanzaba”.
Entre lágrimas de indignación relató que por momentos la enfermedad le ganó y estuvo a punto de desmayarse; pero lo peor ocurrió al llegar a la ventanilla adonde le informaron que ya no había cupo y tenía que regresar nuevamente a la emergencia. “Pensé que era una broma. Venir al Seguro es un atraso, uno viene por necesidad, porque no hay dinero para ir a una clínica particular”.
El calvario de los pacientes inicia al llegar, pues hay que hacer largas fila por y para todo: para que les tomen los signos vitales, para apuntarse y que verifiquen si se es afiliado o no al centro, para entrar a revisión con el doctor, para reclamar los medicamentos, para hacerse una radiografía o exámenes de laboratorio y otro sinfín de procesos.
“Lo peor de todo es que cuando se logra entrar donde están los médicos, apenas y lo revisan. Desde el escritorio le preguntan qué es lo que siente y dan las recetas, y al final regresamos a la casa igual o más graves de lo que venimos”, dijo la paciente Reina Méndez.
Más de 300 pacientes a diario abarrotan la sala de emergencia de adultos. La alta demanda ha puesto a correr a los doctores, pues solo hay tres médicos en cada turno y por las noches el número se reduce a dos. En la emergencia pediátrica la crisis es la misma. Otro de los problemas que dicen vivir los derechohabientes es el desabastecimiento en las farmacias y los maltratos de los empleados.
Armando Hernández, director médico del Ihss, dijo que existen algunas deficiencias, pero que el personal del centro busca resolver los inconvenientes para poder atender de la mejor manera a los derechohabientes.
“Uno de los grandes problemas que tenemos es el desconocimiento de la población, pues el 60% de los pacientes que se atienden en la emergencia no son casos críticos y deberían ser manejados por Consulta Externa; pero la gente por salir más rápido llega a esa sala, provocando que los casos verdaderamente graves sean difíciles de encontrar”.
Agregó que a mediados del próximo años con el nuevo proceso digital esperan agilizar las atenciones.
Sobre las quejas de los pacientes sobre la mala atención explicó que siempre hay inconformidades, por eso existe una oficina en la que pueden reportar las irregularidades, la cual está en la parte administrativa. “Ya se ha sancionado a médicos y personal administrativo cuando se descubren irregularidades. Le pedimos a la gente que cuando se sienta agredida o mal atendida busque la oficina de Derecho Laboral.
Mientras ese tiempo se cumple, los pacientes como Karla Chacón seguirán sufriendo en la infinita espera...para poder ser atendidos.