El sol del verano sampedrano ilumina un nuevo día en la Casa del Niño y sus pequeños habitantes poco a poco se levantan de sus camarotes para enfrentar un nuevo día. Es domingo, no hay escuela y la tranquilidad invade el ambiente.
Luego de efectuar su aseo personal, Franklin Sanabria se alista para ir a la catedral y escuchar la misa de todos los fines de semana. En el atrio, el padre Saturnino Senis inicia la celebración y junto a Franklin, los otros 13 niños de la casa escuchan atentos el mensaje.
El pequeño Ángel Aguirre, de sólo 8 años, forma parte del grupo. “Rezamos el Padre Nuestro, el Credo y nos damos la paz”, expresa. La misa termina y es hora de regresar al hogar.
Labores varias
Con una sonrisa, los pequeños se disponen a hacer algunas tareas asignadas como limpiar su dormitorio, lavar sus ropas o hacer algunas tareas escolares.
Otros, como Ángel, están pendientes de la visita de sus padres. “Hoy no tengo tareas y mi mamá viene todos los domingos a visitarme”.
Mientras la visita se produce, llega la hora del almuerzo. Arroz con pollo es lo que dicta la carta dominical. En orden, los pequeños reciben sus alimentos. No puede faltar la oración en acción de gracias. Rápidamente, los niños reciben su alimento y se disponen a recrearse.
Deporte
Una pelota verde es suficiente para atraer la atención de los pequeños, quienes corren tras ella, se caen, se levantan y siguen embrujados por los efectos del fútbol que llevan en sus cabezas y que juegan desorganizadamente.
Los minutos vuelan y poco a poco los niños van regresando a la realidad del domingo que finaliza. Algunos hacen grupos y conversan acerca de sus otros compañeros, de las tareas que debieron hacer y de los profesores del Centro Básico donde todos estudian.
El descanso
El sol se oculta y luego del deporte, todos se disponen a cenar. Son las seis de la tarde y luego de otra oración, los menores toman los alimentos antes de un breve descanso.
Quienes han sudado, se refrescan y se disponen a dormir. La Casa del Niño entonces entra en receso de labores. Son las ocho de la noche y todos deben guardar fuerzas para levantarse y enfrentar las clases.
Rutina dura
La profesora Digna Hernández sabe que esas fuerzas servirán para enfrentar una semana dura para todos.
“Como los niños estudian en la colonia San Vicente de Paúl, deben levantarse a las cuatro de la mañana, por lo que deben descansar bien”, concluyó.
Un poco de historia
Con la ayuda de los empresarios de la zona norte y de la población bondadosa, el sueño de construir una Casa del Niño del padre José Antonio Quetglas se hizo realidad el 10 de septiembre de 1983.
Luego de 22 años, el refugio permanece en el barrio Guamilito, junto a las oficinas principales de la fundación. El sábado se colocó la primera piedra de un edificio que servirá de reemplazo de la vieja casa, la cual ya no reúne las condiciones necesarias.
El edificio tendrá dos plantas. En el primer piso estarán todas áreas sociales como el comedor, la cocina, la sala, las áreas de entretenimiento y las oficinas administrativas.
En el segundo piso están los dormitorios, por separado, de los jóvenes y de los tutores. Todo el conjunto tiene un patio interior y áreas verdes en las que estarán algunas zonas recreativas y áreas para la siembra de hortalizas.