Hoy voy a escribir poco; todavía guardo los sabores de la tilapia frita que devoré un par de días atrás en el Rancho Bella Vista a orillas del Lago de Yojoa. Cubierto por abundante cebolla de encurtido, uno que otro jalapeño y una buena dosis de limoncito con unas gotitas de chile de bote, el pescadito de regular tamaño no tardó en sucumbir ante mi voraz apetito. Y así no se puede escribir mucho.
El Lago de Yojoa es uno de los grandes ingredientes de nuestro éxito turístico como nación. Miles y miles de vehículos se detienen cada semana en las orillas de nuestro único lago (de origen volcánico por cierto), para pedir un pescadito frito y tajadas verdes que se acompañan perfectamente con una cerveza nacional bien fría... o un refresco de cola sin lugar a dudas.
La tilapia y el bass fueron introducidos a la zona en décadas anteriores y se han convertido en los platillos favoritos de los paseantes. Y no sólo de los locales; bien vale la pena señalar que Honduras es uno de los principales países productores de carne de tilapia en el mundo y que la exportación de la misma constituye una buena fuente de ingresos para el país.
Pero la Carretera del Norte no sólo es pescado; otras sorpresas nos esperan a lo largo de la pavimentada que ahora está en proceso de reconstrucción y ampliación.
Hace unos pocos años, solía trabajar en Comayagua y siempre que viajábamos con los compañeros, solíamos detenernos en una pequeña casita que vendía chicharrones y carnitas. No recuerdo que tuvieran mucho espacio disponible, así que solíamos comprar todo para llevar a las oficinas y allá comerlas con tortillas calientitas. Bien, como que nuestra casita secreta dejó de ser un tesoro oculto y ahora Finca El Carmen es sin lugar a dudas, uno de los mejores restaurantes de carretera de toda Honduras. Para mí, no hacer una parada allí es como no haber tomado camino.
Cuando era niño y el viaje entre San Pedro y Tegucigalpa duraba ocho horas, era obligatorio tomar café de madrugada en Río Lindo y cerrar la jornada en Támara con otro café y pan dulce (en aquella época, la empresa Sáenz pasaba por las casas de los viajeros a las 4 de la madrugada... por cierto, los mismos años cuando los doctores visitaban a los enfermos en sus casas). Con el paso de los tiempos, nuevas paradas han surgido pero la experiencia de viajar por tierra sigue siendo rica y reconfortante... especialmente si uno viaja con la intención de probar esto y aquello, aquí y allá. Como dijo aquel célebre batracio de Luis Andrés Zúñiga: “Barriga llena, corazón contento”.