Los pobladores de la región norte y de la costa del Caribe todavía no se recuperan de los efectos del temblor de tierra de 7.1 grados en la escala de Richter registrado el 28 de mayo, en vísperas de que comenzase la temporada de huracanes, una amenaza más habitual para los hondureños.
El seísmo tuvo su epicentro unos 130 kilómetros al norte de La Ceiba y a unos 36 de la isla de Roatán. Ambos lugares son visitados con alguna frecuencia por ricos y famosos como el actor Michael Douglas, el cantante Julio Iglesias o el entrenador italiano de fútbol Fabio Capello.
Al seísmo de mayor intensidad le han seguido más de 300 temblores, algunos de hasta 6.6 grados en la escala Richter, entre réplicas del primero y sacudidas originadas en otras fallas geológicas que cruzan el montañoso territorio de este país.
Debido al terremoto de mayo, registrado a cuatro días de que comenzase la temporada de huracanes del Caribe, Copeco contabilizó siete muertos y 136 heridos. A estas pérdidas de vidas humanas se suman la destrucción de 1,382 viviendas y los daños causados a otras 9,458, según un informe del comisionado de Copeco, Marco Burgos. Otras infraestructuras que sufrieron daños parciales son 218 escuelas, 58 edificios públicos, 53 iglesias, 47 calles y carreteras, 35 puentes, 23 hospitales, 17 sistemas de suministro de agua potable, siete parques industriales, tres hoteles y un aeropuerto.
El terremoto se sintió con fuerza en Tegucigalpa y supone que es la mayor sacudida que ha recibido la población en la historia reciente de este país, donde todavía son visibles las huellas que dejó el huracán Mitch a finales de 1998.
La Democracia
Una de las obras más importantes, inaugurada en 1963, es el puente La Democracia, construido por ingenieros franceses y que había soportado, entre otros fenómenos naturales, los descomunales huracanes Fifí en septiembre de 1974 y el Mitch.
El puente de arco, de más de cien metros de longitud, no resistió el terremoto del 28 de mayo, que le desprendió su plataforma central, como si lo hubiera hecho una gigantesca grúa, dejando solamente las dos cabeceras arqueadas.
La gran plancha central de hormigón y hierro quedó sumergida en la aguas del río Ulúa.
El puente La Democracia era el símbolo de El Progreso, cuyos habitantes utilizaron una balsa para cruzarlo, cuando iban o regresaban de La Lima o San Pedro Sula.
El puente fue una de las grandes obras construidas durante la administración de Ramón Villeda Morales, destituido por un golpe de Estado dado por el general Oswaldo López el 3 de octubre de 1963, pocas semanas después de la inauguración de La Democracia.
La obra pasó a recordar la frágil democracia de los hondureños, marcada en la segunda mitad del siglo pasado -desde 1956 hasta 1980- por dos golpes de Estado perpetrados por Oswaldo López.
Tras el terremoto, el paso por La Democracia ha sido sustituido por el puente paralelo La Amistad, una obra de reciente construcción donada por el Gobierno de Japón tras la tragedia que dejó el huracán Mitch.
La donación japonesa sufrió daños a causa del terremoto, por lo que un grupo de ingenieros nipones ha emprendido la elaboración de un estudio para determinar si se puede reparar o habrá que demolerlo y hacer uno nuevo, lo que sería otro golpe para la ciudad.
El terremoto también dejó expuesto al país a un mayor peligro, el de las inundaciones durante la temporada de lluvias, que también comenzó en mayo y se prolonga hasta octubre o noviembre.
La mayoría de los bordes de contención en los ríos Ulúa y Chamelecón, que cruzan la región noroccidental de Honduras, sufrieron grandes grietas, por lo que las autoridades locales temen que se registren inundaciones graves.
Los alcaldes de los municipios de San Pedro Sula, El Progreso, Villanueva, Choloma, Potrerillos, Pimienta, La Lima y San Manuel y los vecinos de aldeas, caseríos y fincas bananeras de la zona han advertido que se pueden producir daños graves en todo el Valle de Sula, una de las zonas más productivas del país.
Para el físico Gonzalo Cruz, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, sus compatriotas deberán acostumbrarse a los movimientos sísmicos porque el país está cruzado por unas fallas geológicas que durante muchos años han estado inactivas.