Tegucigalpa, Honduras. Por tres meses, los pasillos y las bancas del Hospital Escuela han sido el hogar de María (de 35 años), quien acompaña a su esposo, Santos Rodríguez, ingresado el pasado 5 de agosto, tras ser remitido al centro asistencial.
Al vivir más de 90 días dentro del Hospital Escuela, sin familia ni recursos, ya que son originarios de Yamaranguila, Intibucá, a María le ha tocado dormir sobre cartones y bancas, además de alimentarse gracias a la ayuda que le brindan otras personas.
“Pasamos con un tiempo de comida que nos regalan, porque ya dinero suficiente no lo tenemos... Hay que tener paciencia, ya que no podemos hacer nada”, expresó María, mientras cargaba bolsas con cobijas y dos cartones. Ella es una de los miles de afectados por el paro de médicos desde el 7 de septiembre.
Su esposo espera obtener un diagnóstico certero que revele la enfermedad que padece, ya que las huelgas médicas han retrasado por más de un mes los exámenes que debe realizarse.
El primer diagnóstico que tuvo fue leucemia, pero los médicos especialistas no concuerdan, por lo que está a la espera de una cita para poder realizarse un examen de médula ósea.
“Hay médicos buenos y otros malos”, expuso María, aludiendo a que las asambleas médicas han ocasionado falta de personal, lo que impide cubrir la demanda de pacientes y provoca una tardanza en el diagnóstico de su esposo.
Santos Rodríguez espera estabilizarse, obtener una cita para el examen que necesita y contar con un diagnóstico claro sobre la posible leucemia. De confirmarse, empezaría con quimioterapias, explicó su esposa.
Además, María expresó las dificultades económicas que atraviesan: “El maíz está seco, no hay frijoles y no hay nadie que trabaje la tierra porque yo le ayudaba a él”, expresó.
El costo de trasladarse de Tegucigalpa a Yamaranguila es de 400 lempiras por persona. La pareja no solo enfrenta un diagnóstico incierto, sino también inestabilidad económica, ya que se dedica a la agricultura y, con ambos fuera de Yamaranguila, no hay quien trabaje la tierra.
El testimonio del pequeño Edwin Román, de cuatro años, es otra prueba que evidencia las consecuencias de la huelga del sistema de salud en Honduras, que casi alcanza 50 días sin atención médica a nivel nacional.
La señora Erasminia Gómez, madre del infante, relata que ayer, 23 de octubre, es la segunda vez que vienen al Hospital Escuela para concretar la fecha en la que Edwin será operado de la cadera.
Erasminia compartió que la primera cita fue el 16 de octubre y solamente se le dio la indicación de donar dos pintas de sangre, ya que sin eso no se podría realizar la operación.
La fecha de la segunda cita llegó. Erasminia salió con su pequeño desde Azacualpa, Intibucá, recorriendo aproximadamente cuatro horas de viaje y gastando más de 400 lempiras. Al llegar, una enfermera la recibió con la noticia de que la doctora no estaba atendiendo debido a las asambleas.
El pequeño Edwin necesita la operación para poder caminar con normalidad y que sus piernas y huesos adquieran una postura normal.
Su madre relata que se dio cuenta del problema motor de su hijo debido a que, cuando empezó a caminar, su cuerpo se inclinaba más hacia un lado, cojeaba y tenía dificultades para avanzar.
El gasto de una operación en un centro privado asciende a más de 400,000 lempiras, ya que la valoración en un hospital de Ocotepeque ronda los 100,000 por las cuatro operaciones que el menor necesita.
Su posición económica los obliga a seguir esperando a que las asambleas médicas terminen para poder tener una fecha para la operación del infante, ya que la agricultura se vio afectada por la sequía y actualmente depende del sueldo del padre de familia, quien se dedica a la albañilería.
Autoridades del Hospital Escuela informaron que, debido a las asambleas informativas, el personal del centro asistencial se encuentra en un 65%, mientras que se atiende un 60% de la consulta externa.
Aproximadamente, el Hospital Escuela ha dejado de atender a unos 30,000 pacientes y ha postergado la operación de unos 400 ciudadanos, de acuerdo con declaraciones de Darío Zúniga, director de este centro asistencial.