Cuando se cumplen 25 años de su construcción, la represa hidroeléctrica de Honduras Francisco Morazán, más conocida como El Cajón, sigue teniendo uno de los problemas que podrían causar una grave situación en el embalse más grande de Centroamérica.
Las fisuras en uno de los túneles de la galería derecha de drenaje en el nivel 126 de la central hidroeléctrica son la principal preocupación de las autoridades de El Cajón.
LA PRENSA entró en los cerca de 22 kilómetros de túneles dentro y debajo del gigantesco embalse de la central hidroeléctrica. Ahí el panorama deja claro que la decisión de llevar a cabo el proyecto de eliminar las fisuras del embalse es urgente o de lo contrario podría ocurrir una catástrofe.
Las filtraciones de agua no son nuevas en la represa Francisco Morazán. Desde 2002, el equipo que vigila el nivel del embalse reporta que se ha experimentado una considerable pérdida de agua a causa de las fisuras en las paredes de roca de uno de los túneles en los extremos de la cortina.
El proyecto que incluye las inyecciones en las hendiduras y el revestimiento del túnel aún está en papeles; mientras tanto, el nivel de agua filtrada aumenta paulatinamente.
“Estamos en una emergencia porque hemos monitoreado estas filtraciones y en varios puntos la salida de agua se ha cuadriplicado”, informó el ingeniero Daniel Casco, supervisor de obras civiles de la central hidroeléctrica.
“La filtración de agua ha aumentado progresivamente. Cuatro años atrás, el caudal registraba 80 litros por segundo y hoy tenemos registrados 130 litros de agua por segundo”, informó el ingeniero Donaldo Turcios, encargado del mantenimiento de obras civiles del embalse. “Tenemos filtraciones que marcaban dos litros por segundo y ahora las tenemos en 25 litros por segundo. Esto se ha acrecentado con cada subida del embalse”, agregó.
Amplió que se trata de una situación irreversible porque, al parecer, si el embalse sube, el nivel de la filtración se duplica, pero si el nivel de la represa se mantiene, la altura de la filtración no baja. “Cada vez que hay subida del nivel, la roca se erosiona y abre más la cavidad en la pared, creando más filtración de agua”, agregó Casco.
El peligro
Para Manuel Palma, gerente de la hidroeléctrica Francisco Morazán, las filtraciones dependen del nivel del embalse y, aunque se han incrementado en los últimos meses, no han llegado a un nivel grave. “Estamos en observación. Hay técnicos e ingenieros haciendo chequeos para ver si las filtraciones se comportan normalmente”.
Pero la realidad bajo tierra es otra, “existe un ‘mapeo’ que se ha ido formando a medida que los topógrafos van descubriendo nuevas fisuras en el túnel. Hay aproximadamente setenta de ellas diseminadas en diferentes puntos del túnel”, informó el supervisor de obras civiles Daniel Casco.
El agua filtrada ha creado un río subterráneo que mantiene en alerta no sólo a las autoridades de la central, sino a los obreros que laboran en los túneles. “Esta situación es riesgosa, ya que, si no se trata a tiempo, puede causar la caída de un túnel; si el nivel de la filtración aumenta, se amplía el boquete de la filtración y entonces un túnel puede derrumbarse”, explicó Casco.
“Si el agua supera la cantidad que podemos bombear, se inundaría la fundación central. Esto provocaría una catástrofe, ya que estarían en riesgo de inundación todas las turbinas y éstas dejarían de generar la energía”, amplió.
Es urgente la licitación
El proyecto de reparación de las fisuras en los túneles de El Cajón se planteó desde 2001, pero no se ha llevado a cabo. “Tenemos más de dos años de hacer gestiones para la precalificación de empresas. Ya tenemos los documentos listos y probablemente en los próximos meses haremos la licitación para ver si podemos comenzar los trabajos de inyecciones en enero del próximo año”, adelantó Palma.
Hasta ahora sólo hay preparativos para el proyecto de Mantenimiento de Obras Subterráneas, MOS. Éste incluye inyecciones en las fisuras y recubrimiento del túnel dañado. Según expertos, dicho trabajo lo debe hacer una empresa extranjera, ya que en el país no existe la tecnología ni la maquinaria ni el personal especializado para hacerlo.
“Las inyecciones en las fisuras deben ser hechas por expertos por la delicadeza del trabajo y porque podría ponerse en riesgo la integridad de la obra”, continuó Casco, supervisor de obras civiles del embalse.
Se necesitan entre 300 y 400 millones de lempiras para acabar con el problema.
Construir una quinta turbina para generar más energía es uno de los proyectos actuales de la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán.
Antes de que sea demasiado tarde, las fisuras deben tratarse con la prioridad y la rapidez que ameritan; de lo contrario, sucederá como en muchas ocasiones: actúan hasta que están con el agua al cuello.