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Honduras: Construyen viviendas para pobres

  • Actualizado: 01 noviembre 2010 /

María Flores, una hondureña de 41 años, está agradecida a los 40 jóvenes voluntarios latinoamericanos del programa 'Un Techo Para Mi País', que le construyeron su vivienda en Tegucigalpa.

    María Flores, una hondureña de 41 años, está agradecida a los 40 jóvenes voluntarios latinoamericanos del programa 'Un Techo Para Mi País', que le construyeron su pequeña vivienda en una ladera pedregosa en las afueras de Tegucigalpa.

    '¿Cómo no vamos a estar agradecidos con esta gente?', dice María, esposa de José Israel Sierra (de 46 años), un empleado de vigilancia de un lavadero de automóviles de Tegucigalpa.

    Ayudados por la pareja y los tres hijos de 14, 16 y 18 años, los voluntarios abrieron agujeros en la ladera polvorienta de la colonia Mirador de Oriente, sembraron pilotes de un metro de alto, colocaron plataformas prefabricadas de madera y cubrieron de cinc el techo.

    Ocho familias recibieron las construcciones, de apenas 18 metros cuadrados, pero al menos con piso en vez de tierra y baños en lugar de letrinas.

    'Estoy muy alegre porque ya no me voy a enfermar y no se van a hacer ronchitas en mis pies porque ya no me van a picar lo bichitos' en el piso de tierra, afirma con gran felicidad Erick Díaz, de 9 años, miembro de una de las familias beneficiarias.

    Las casas, consideradas por el programa como solución de emergencia, tienen un costo equivalente a sólo 1.600 dólares.

    Un Techo Para Mi País nació en Chile en 1997 y en 2001 comenzó su expansión por varios países de Latinoamérica, llegando en agosto de 2010 a Honduras.

    'Ésta es una iniciativa que nos ayuda a dejar a un lado los prejuicios y conocer de cerca la realidad en que vive la mayoría de la población. Creo que se deben promover las viviendas sociales', abogó la voluntaria hondureña Joanna Barjum, que se sumó al programa.

    Mirador de Oriente, con una población de 200 familias, está enclavada en una ladera a la orilla de la carretera que de Tegucigalpa conduce a la frontera con Nicaragua.

    Como toda Honduras, la zona sufre el flagelo de la delincuencia, y por ello los habitantes empezaron a abrir zanjas para construir una sede policial.

    'Hemos hecho gestiones con el ministro de Seguridad, Oscar Álvarez, para que nos asigne unos cuantos policías, pero aún no nos ha atendido', se queja el presidente del Patronato, Ricardo Triminio. 'Aquí los asaltos son a cada rato', deplora.

    nl/mb/lm