Nació en La Habana del 44, una ciudad y un tiempo que ya no existen, pero que sigue llevando en su corazón. Se hizo sacerdote misionero a pesar de las protestas de sus padres y su primer destino (y el único) fue Choluteca. Desde principios de los años sesenta, el padre Jesús Valladares, el cura cubano, es un sureño más.
Simpático cuando quiere, terco, fornido, pequeño y dispuesto a cantarle sus verdades a quien se le ponga enfrente. No es una figura fácil de tratar, asegura la mayoría.
Pero lo que encontré fue un hombre honesto y transparente que ha cumplido cabalmente su trabajo. Es más, descubrió mucho antes que nadie que la causa principal de nuestros problemas nacionales no es la falta de tecnología ni de ideologías, sino el olvido de nuestras costumbres tradicionales, la pérdida de nuestra fe en nosotros mismos, en nuestra identidad como hondureños.
Agobiado por la pobreza y tristeza espiritual de sus feligreses, el padre Valladares empezó a buscar alguna solución, mientras recorría las aldeas y caseríos perdidos en los playones y las montañas de la Choluteca que no se conoce.
Mientras caminaba, comenzó a escuchar a los músicos viejos tocando en sus raídos violines canciones perdidas en el tiempo y los recuerdos. Canciones transmitidas de generación en generación, de padre a hijo, de músico a músico. Sin letras ni partituras; a puro oído. Y a puro oído entró la solución.
Comenzó juntando a un violinista de aquí con un guitarrista de allá. Hoy dos, mañana cinco. Una canción te enseño yo, una me enseñás vos.
Y así, tras varios años de esfuerzos sobrehumanos, la Orquesta Hombres de Tierra Adentro Donde Nacen los Catrachos agrupa a 43 jóvenes músicos, hijos y nietos de los primeros músicos seleccionados. Cuarenta y tres talentos con un repertorio de 300 canciones originales, auténticas, extraídas del campo.
Cada año, en diciembre, el padre Jesús reúne a su orquesta, popularmente llamada La Orquesta Campesina, para amenizar otro de sus grandes proyectos de rescate cultural y religioso: la Boda Campesina. Desde hace quince años aproximadamente, Valladares selecciona a una pareja de campesinos y les financia la boda completa en diciembre, en su afán de preservar el sacramento del matrimonio cristiano y las costumbres tradicionales que acompañan al evento.
El talento de los jóvenes de la orquesta no sólo ha quedado manifestado en la música; gracias a la visión y los esfuerzos del padre, instructores del afamado espectáculo internacional Cirque du Soleil (Circo del Sol) han visitado en varias ocasiones Choluteca para capacitar en malabares, acrobacia y contorsionismo a los muchachos más aptos.
Un logro extraordinario que demuestra sin duda que en Honduras sí existe talento y oportunidades de crear.
Cuando me despedí, tras dos horas de intensa plática y música, el buen sacerdote, con una lágrima en sus ojos, me dijo: “La solución de los problemas de Honduras está en el campo… hay que volver al campo”. Y una vez más, el terco padre Jesús tiene la razón.