Mientras se termina la construcción del tan esperado búnker oncológico, los pacientes que sufren de cáncer tienen que soportar numerosas precariedades que afectan su tratamiento y calidad de vida.
Camillas en mal estado y la falta de colchones son una constante que obliga a los pacientes a traer sus propios implementos.
“Deben cambiar las colchonetas, están en pésimo estado, cuando a mí me ingresan traigo mi propio colchón”, dijo doña Bertha Rivera.
Además, la escasez de medicamentos indispensables complica la situación. La leucovorina es uno de los medicamentos esenciales que no puede faltarle a doña Bertha; sin embargo, ha estado ausente en las farmacias del hospital San Felipe por más de un mes.
“Me lo aplican cada 15 días, pero tengo más de un mes de venir a preguntar y nunca hay, me toca comprarlo y vale L4,468”, detalló.
A criterio de José Matheu, exministro de Salud, el búnker oncológico es una obra que ya debería estar terminada: “Hay lentitud, el centro de cáncer ya tiene que estar terminado”, puntualizó.