El Lago de Yojoa es muy conocido por las ventas de pescado frito que hay en sus alrededores, pero resulta interesante además navegar sus espejos de agua y explorar más allá de sus límites para disfrutar de todo su esplendor.
El lado oeste del lago está rodeado de montañas escarpadas y el Parque Nacional Santa Bárbara, mientras que el lado este se encuentra junto al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar. Para muchas de las personas que viajan entre las ciudades de San Pedro Sula y Tegucigalpa, este depósito de agua natural sirve como área de descanso y un mirador para apreciar una hermosa vista mientras disfruta del pescado recién sacado de la sartén y otros alimentos que son ofrecidos por los restaurantes que se encuentran a las orillas.
Sin embargo, se ha hecho muy popular también como destino turístico y de pesca por sus sorprendentes paisajes y la variedad de sus especies. Su área circundante es todo un paraíso en el que conviven cerca de 400 especies de aves y 800 especies de plantas.
Así surgió
El Lago de Yojoa es un depósito natural de agua formado hace 120 millones de años, en un lugar donde hubo una intensa actividad volcánica hace cinco millones de años, que contribuyó a cerrar los desagües de los ríos.
A esta conclusión han llegado los estudiosos porque el suelo tiene un color anaranjado, que indica la presencia de hierro, componente importante para los cultivadores de piña en las márgenes noroeste.
El enorme remanso de aguas quietas se encuentra comprendido entre las montañas de Santa Bárbara y el Cerro Azul Meambar, hoy parques nacionales donde su exuberante vegetación es un imán para los amantes de la naturaleza. La combinación de vegetación y abundancia de agua en la zona han generado una biodiversidad difícil de igualar en el mundo.
Las costas y riberas del lago ofrecen condiciones ideales para el cultivo del café, por lo que existen múltiples fincas en la zona. Otra actividad que es propia de la región es la venta de pescado crudo.
En esta cuenca lacustre, a dos mil pies sobre las montañas, las especies de aves, entre ellas el pato nativo Muscovy y café del árbol, abundan igualmente los cocodrilos; la pesca del dormilón y guapote es muy popular.
Durante la década de los años 70, el lago adquirió fama mundial por los enormes bancos de peces “Black Bass” en sus aguas , pero esto generó que esta apetecida especie casi fuera exterminada. Debido a ello grupos organizados locales han tenido que regular la pesca.
No es para un rato
Es un sitio impresionante por su radiante naturaleza, los amaneceres y atardeceres son fuente de inspiración para las personas sensibles al espectáculo que ofrece la luz del astro rey bañando su superficie.
Para apreciar por completo la belleza de este lago, es recomendable bordearlo a través de la carretera que conecta a Tegucigalpa y San Pedro Sula, aunque habrá quienes no se conformarán con una pasadita en carro por el lugar. Las delicias ofrecidas por diversos restaurantes localizados a orillas del lago son motivos suficientes como para permanecer varios días en sus alrededores.
Por supuesto, la infraestructura ideada para comodidad del visitante también incluye hoteles, piscinas y diferentes alternativas para practicar deportes acuáticos. La población costera más grande es Peña Blanca, situada en la zona norte, donde operan distintos bancos y existe una permanente actividad comercial.
Antiguos pobladores
Aquí los viajeros pueden encontrar también restos de una gran civilización precolombina que antecedió a la cultura maya: según se sospecha, se trataría de la cultura lenca. El parque Los Naranjos ubicado en sus riberas es el lugar de visita obligada para quienes quieren seguir estos rastros históricos.
Los turistas no sólo pueden dar una vuelta en lancha, sino que tendrán la posibilidad de disfrutar de un sinfín de actividades recreativas como la pesca y las caminatas, en medio de un increíble entorno natural en el Cerro Azul Meámbar.
Además, ofrece múltiples opciones para los visitantes, que incluso pueden contemplar pasar varios días en sus contornos. Existen varios hoteles, donde se puede disfrutar de confortables habitaciones, excelentes restaurantes, piscinas, diversiones acuáticas, entre las que destacan un paseo en catamarán o un miniyate.