Se terminó el 2010. Para muchos, una pesadilla que no debe repetirse. Para otros, lo contrario. Sea por una u otra razón, tenemos motivos más que suficientes para tomarnos un descanso, liberar malas vibraciones y cargarnos de poderosa energía positiva (ummmm… soné a anuncio de jarabe reconstituyente en frasco. Pero que conste que es la verdad).
Dos a cuatro días bastan para volver a sentir la dicha de comenzar un año nuevo. Tiempo suficiente para ver cosas nuevas, sentir otros vientos y probar comida distinta. Por ejemplo, yo volvería a Masca a buscar la champa de doña Elena. Sus sopas y pescados fritos en la playa son más que deliciosos y ella es encantadora; no es de extrañar que hasta el canal Telemundo la haya entrevistado (de paso, ya que llegué hasta allá, me llevaría a los cipotes a ver los animales en el parque San Ignacio).
Si voy a tomar carretera y aparejos de pesca, podría irme a Tela a pescar en lancha. No sería mala idea llamar a la Cámara de Turismo y preguntar quién podría darme el servicio seguro y confiable de llevarme a pescar allá por Punta Sal. Quién sabe, tal vez regreso con la sopa del próximo domingo…
Más allá de Tela y antes de entrar a la Novia de Honduras, usted puede internarse a los sembradíos de piña (que están a mano derecha) y entrar a la propiedad donde se encuentra el balneario del río Zacate. Deje el carro estacionado (y con vigilancia), pague la módica cuota de entrada, sumérjase en un río impetuoso de color fantástico. Si le gusta la aventura y la caminata, siga el sendero hasta la primera cascada.
Una hora de montaña, más o menos, lo conducirá hasta una de las cascadas más bellas de Honduras. Se lo juro.
Con tiempo y más recursos, la recomendación de cruzar el charco para irse a Roatán, Utila o Guanaja es más que obvia. Cada una es distinta, cada una tiene su propia personalidad. Roatán es “fancy”; llena de estilo y celebridades; exclusivos resorts y gente bella. Utila es joven y libre, como el viento. Para gente descalza, sin ataduras ni convencionalismos. Guanaja es el paraíso alejado del mundo terrenal.
Misteriosa, ermitaña, no apta para cualquiera. Pero no importa cuál sea su forma de ser; una de ellas es la perfecta para usted.
¿Prefiere un destino más seco y lleno de historia? Busque el centro del país; váyase a Tegucigalpa y camine hasta el encantador pueblecito de Ojojona. Allí pregunte dónde están las minas que sirvieron de modelo para el Escudo Nacional… las minas de Guazucarán.
Según algunos historiadores, éstas fueron las minas más importantes de Honduras y toda Centroamérica allá por el siglo XVII. Vale la pena; es un baño de historia y educación para los hijos.
Y cerquita de Ojojona, está el municipio de San Buenaventura. Antes de llegar al pueblo, comience a preguntar en la carretera dónde quedan los dibujos tallados en piedra del cañón de Ayasta. No hay pierde… todo el mundo los conoce. De la carretera va a caminar unos 20 minutos (para arriba, que conste) y se va a encontrar una galería de roca con cientos y cientos de dibujos tallados por indígenas… verdadero arte rupestre que todavía no aparece en los libros oficiales de primaria o secundaria. Usted tiene que ir a Ayasta. Comienza un nuevo tiempo y va a ser un año pinta; no lo dejemos escapar. ¡Feliz Año Nuevo, amigos!